Diálogo
- F. Dostoievski: No sería propio asunto ni correspondido a la estirpe de cada cual, sino más bien, al grado de magnificencia empírica con la que uno hace victoria o derrota de sus sentimientos acometidos. Lo que, en mayores casos, llevaría a la deshonra y en un grado de porcentaje poco agraciado para el amante en pasión.
- F. Delgado: ¿Qué me diría sobre dolor?
- F. Dostoievski: Sé mucho sobre el dolor, pero el verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor.
- F. Delgado: ¿Sufre por alguna mujer?
- F. Dostoievski: Sufro por, lo menos, una mujer a diario. La ciudad tiene sus encantos valuados en mujeres bellas, que nunca llegan a pasar de una charla vacía. Y le apena a uno que esa instantánea belleza se haya marchitado de manera tan rápida e irrevocable, que haya brillado tan engañosa e ineficazmente ante uno; le apena el que ni siquiera hubiese tiempo bastante para enamorarse de ella...
- F. Delgado: Usted me encanta...

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