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Mostrando entradas de diciembre, 2017

Calabozo tu recuerdo

A fuego lento me quemaba, con la mirada atravesando el techo de la habitación en llamas. Nada pude contra la aberración de perderme por un camino de rostros pálidos y vahos de miseria. No fue lejano recordarte sobrevolando la ciudad a inconsciencia de un trozo de pasión, generado por la alegría de encontrarnos e idealizado por un suspiro de admiración. A pocas ganas intenté dibujar tu rostro sobre un papel, no fueron más que sombras y un semblante desfigurado. Quise escribir tu nombre pero escribí el mío. ¿Vivís aquí dentro? Es obvio que no. Extraña manera de pensarte, a viajes febriles por el inframundo. Quisiera que estés acá, o yo allá. Cualquier lugar donde no importa pero que sea más real que estas ficciones que no descansan y engañan al alucinar. ¿Cómo es que te has ido? Si estás acá. ¿Vivís aquí dentro? Es obvio que no. Nada cura más que una sonrisa ante una mirada débil. Sólo una basta para destrozar el mundo, o por lo menos para dejar de pensar. Turbio revoleo de anhelos ...

Contemplo

Insulso naufragio de pensamientos sobre el sillón, tenue vorágine en incremento, escucho voces descarrilar, soy yo conmigo. Tengo el alma dormida en un magnetismo que encontré ayer, soy yo conmigo tratando enfatizar. ¿Enfatizar qué? Quiero lo que pude, mas ahora quiero más, como saber qué. Estúpidos argumentos de socavar razón, vuelo sobre mares insípidos, sabiendo que ya solventé. Simulo juego entre sombras, que son yo, todas mías, pero no saben aún que soy lo que fueron. Quiero pensamientos que no tuve, pero que podría tener, horrenda avidez, si no hay luz. ¿Existe tiempo exacto para pensar? Creo que ando a camino, sin rumbo porque así me acostumbré. Tengo de memoria la verborrea, que de excusa nunca falló. “Andate conmigo” me dijo una vieja, mas no tengo más que esquivar... La soltura de una demencia, de querer volar algo en verdad, ya lo estoy volando, juego por los cielos a revoleo, me guardo las ideas, caigo de noche al desvelo.

Perseverancia

Se puso un revólver en la boca y disparó. Además estaba con una soga al cuello y la habitación a gas abierto. No murió esa noche ni la siguiente. A José Armando le costaba mucho reparar en que los suicidios son eficientes cuando se está despierto. Por lo tanto, se mató cada noche esperando no despertar, hasta que finalmente lo consiguió, dejando un tierno cadáver y una bellísima sonrisa.

Leve

Entró a su casa, cerró con llave y caminó a su habitación para acostarse. Antes de dormirse escribió en un papel: "No tengo más que sentirte presente en medio de estos mares de nefastas ausencias... " Murió esa misma noche. Su hermano encontró la nota y, mientras se llevaban el cuerpo, leyó a duras penas, sin mucha importancia. Guardó el papel en su bolsillo y se retiró del aposento. En su casa, volvió a leer el fragmento y decidió continuarlo. Escribió por un buen rato y se durmió. Al día siguiente recitó en el funeral: "No tengo más que sentirte presente en medio de estos mares de nefastas ausencias... cándido es el cielo que hoy descansa en tus ojos, suave es el viento en tu espíritu. De caminos andados, también nos hemos separado. Maldigo el tiempo que nos arrastra sin ver la cornisa. Fútiles serán los días si en mí no te tengo, hermano mío. Con fuerza vendrán los vientos de tus recuerdos y no faltará ánima de tristeza..." Continuó leyendo mientras la muchedumbr...

Las colillas de mis cigarros

Amontonadas unas sobre otras, inertes y sin vida alguna. Yacen al desprecio como rocas al fondo del río. Lleva cada una un sorbo de mi vida y me convulsiona recordar aquellas nubes de malicia. Todas juntas fueron una, quizás iguales. Ya no distingo el sabor de sus artificios ante mi terrible dependencia. Al vapor de una esencia, no me calma tan sólo tenerlas. Yacen como olvidadas porque siempre viene otra. Y se acomodan entre ellas para que no falte aposento.  A todas las quise, una por una, fuimos el placer a bocanadas de tiempo muerto. Al compás de lumbre brillaron pero cada una tuvo su justa agonía. No queda, entonces, más que verlas ahí. Recordarlas desde acá. Amontonadas unas sobre otras, inertes y sin vida alguna. Ya son muchas entre las cenizas, pero, así como colmaron tempestades, quizás tenga que conservarlas para tomar conciencia.

Micro

Abrió la heladera y fue ahí mismo donde lo paralizó el recuerdo de su ex mujer. Se quedó en trance mirando un queso fresco y pensó en su sonrisa y en lo divertida que era. No habían sido buenos tiempos después de la boda y las cosas terminaron mal. "Al menos le gustaba el queso", se dijo a sí mismo. Por lo tanto, cortó un trozo y lo metió en un pan. El queso estaba rancio y el sabor era poco agradable. Se lo comió igual. Porque le recordaba a su ex mujer, porque comía queso. Y si tenía mal sabor, tenía que tragárselo de todas formas. Así pensó. Se sintió fuerte, pero no por mucho tiempo.

Little moment

Suaves destellos en penumbras que irradian tus ojos como cementerios al amanecer. Quiero acercarme y ya estoy ahí, sumergido en el veneno dulce de tu mirada mortal. Me acerco y siento fuerte el viento, no dejo de mirarte fijo, ni aún cayendo al abismo que me empujas sin pestañar.  Quiero la muerte en vida, de conocerla en tu mirada sólo quiero acelerar. Si acá se termina todo, cerrá los ojos, así también yo me voy. Son pesadas las nieblas, vienen del sur, tengo la vista cansada, quizás sea todo por hoy.

Una sombra

Hay un gato negro que siempre viene a casa. No es de acá, será de algún vecino... Siempre viene a robar comida y se pelea con mis gatos. No es que no lo quiera, pero las cosas se ponen tensas cuando se asoma. Por eso lo espanto y lo sigo con la mirada hasta perderlo de vista.  Es un animal hermoso, de una mirada imponente y de un sigilo impresionante. A veces, no me doy cuenta y lo tengo a pocos metros, observándome entre las plantas o desde algún punto del patio.  Quiero que dármelo pero no puedo. Porque ya tengo otros gatos, y de conservarlo sería un caos. Por lo tanto, jugamos el mismo juego. Yo simulo enojo al correrlo y él simula prisa al alejarse. A veces, yo mismo lo subo a la tapia y le doy una palmadita para que siga por el techo. Y al rato vuelve y se queda mirándome desde ahí arriba. Quiero quedármelo pero no puedo. Ahora lo tengo acá al lado, observándome con esa mirada imponente y persuadiéndome a escribir sobre él. Mis otros gatos duermen, pero será cuestión de u...

Sigue acá

Hay un cadáver putrefacto debajo de mi cama, su hedor me ayuda a dormir, quisiera que las moscas no engusanen, pues aún no sé qué hacer con él, Me gustaba cuando estaba vivo, golpeaba por la espalda contándome su vida, pero lo dejé morir, y ya no quiero saber de sus caminos, sólo quiero que permanezca aquí, porque aquí murió, y yo le di su muerte, es mío, y aquí es mío, a veces quiere irse, pero yo no se lo permito, porque es mío, y muerto va a morir aquí, lo quiero tanto, pero muerto va a morir, cariño tiene, ¿qué más quiere? se fuma mis cigarros, pero yo me preocupo por él, porque es mío, y aquí muerto va a morir, lo quiero tanto, pero muerto va a morir, cariño tiene, ¿qué más quiere? se fuma mis cigarros, pero yo me preocupo por él, porque es mío, y aquí muerto va a morir, a veces, abro la ventana para juntos sentir el sol, pero luego la cierro, y así quiero que esté, porque la vida no es fácil, ni aún muerto, quizás él haga lo mismo cuando estemos muertos los dos, o quizás alg...

Vacuo

Un día caí por inconsciencia en una zanja y no me levanté. No porque no podía, sino porque necesitaba aprender. Aprender de la caída para dejar de seguir cayendo, por lo menos, en aquella misma zanja, pues claro que no era la primera vez.  No era un tipo muy respetuoso con el tiempo y siempre llegaba tarde al trabajo. Cortaba camino por entre medio de una construcción que me ahorraba un lapso considerable para, aunque sea, convencerme de que llegaría a tiempo. Pero siempre ll egaba tarde, y a veces más tarde por caer en la zanja. Sí, ya sé, es obvio que era una estupidez increíble seguir caminando por el mismo sitio, pero cuando uno se anda por la vida a inconsciencias, suceden esas cosas, y es por esa justa razón por la que estaba sentado en el fondo de aquél surco meditando el descenso. Por lo tanto, decidí quedarme ahí sentado en el fondo. Pensando. Hubiese sido muy fácil levantarme y trepar hacia la superficie, hasta podría haberme convencido de haber aprendido. Pero no, realme...

Cuando se vuelve

Bueno, a veces se vuelve a la casa, como las cosas que a veces vuelven, porque volviendo el hombre también vuelve, volviendo a la casa. La cosa es que el hombre vuelve, y también vuelve de asados, fiestines, juergas, cosas de las que siempre se vuelve, y a veces se vuelve en diferentes frecuencias.  Volviendo vuelve, pensando en que volvió a tocar la guitarra, porque hace rato no volvía, como volvieron los amigos y volvieron las cosas. Estuvo tocando toda  la noche, volviendo a ver a quienes lo volvían a ver, cantando a veces y golpeando las cosas. Supo que volver no era lo mismo que volver, porque volviendo se vuelve, y no sólo volviendo. Volviendo a la cosa, el tipo estuvo tocando toda la noche, sus amigos en sus ojos lo vieron volver, porque volvió y ahí se quedó, volviendo, pero todos sabemos que iba a volver, porque el hombre también vuelve, como las cosas que vuelven. Tocó y volvió a tocar, había vuelto la noche, y sus amigos lo vieron volver y festejaron la vuelta. Cuan...

Pensamiento

Qué bello es escuchar decir "me voy". A pesar de que el único lugar seguro hacia donde vamos es hacia la muerte, pareciera una hermosa locución de libertad, de destino manipulado. Me voy. Agarro este cuerpo y me revoleo para allá. Más cerca de algo que no sé qué es, pero lo hago sin vueltas y lo llamo "libertad", porque así le dicen. Pero nadie habla de muerte. De que nos vamos, para irnos y no volver. De que nos estamos yendo todo el tiempo. Quizás tienen miedo. Qué sé yo. Así se andan algunos por la vida. Pero la muerte también es libertad, a su tiempo. Y aunque uno lo niegue con temor, es lo único que nos va a salvar cuando la vida esté acabada. Acaso, no es eso libertad?

Diálogo

Imagen
- F. Delgado: Y entonces, señor Dostoievski, al reparar en tan sinuoso camino terrenal que usted cuenta hacia el amor... ¿Se aventajaría cualquier buen señor de alguna clara estirpe destacada, sin importar lo soez, en el asunto? - F. Dostoievski: No sería propio asunto ni correspondido a la estirpe de cada cual, sino más bien, al grado de magnificencia empírica con la que uno hace victoria o derro ta de sus sentimientos acometidos. Lo que, en mayores casos, llevaría a la deshonra y en un grado de porcentaje poco agraciado para el amante en pasión. - F. Delgado: ¿Qué me diría sobre dolor? - F. Dostoievski: Sé mucho sobre el dolor, pero el verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor. - F. Delgado: ¿Sufre por alguna mujer? - F. Dostoievski: Sufro por, lo menos, una mujer a diario. La ciudad tiene sus encantos valuados en mujeres bella...

Micro

Conocí a esa mujer aquella vez del accidente.  Nos divisamos entre las llamas, arrastrándonos hacia un costado de nuestros coches, mientras el fuego se lo devoraba todo. Ella gritaba por sus niñas, yo gritaba por mi empleo. Debí haber dormido un poco aquella noche. Sin embargo, cuando observé el rostro desesperado de la mujer, lo entendí todo.  Me lancé de súbito a las llamas, y en el momento en que el fuego ya comenzaba a calcinarme los huesos, abrí los ojos y pude ver a la mujer de pie, contemplándome en silencio, como disfrutando del morbo de la justicia, como maldiciéndome a arder en el infierno mismo, por toda la eternidad. 

Dentro

No me importa lo que haya afuera, si hay cariño, si hay tristeza, si hay un circo de monos prendiéndose fuego, no me importa. Hay un entierro bajo mi cama, y un montón de nada apaciguándome la tarde. Un montón de ausencias que no pegan, un montón de cosas que no acompañan. Cosas que se sienten poco, pero que a duras penas lo son todo, como lo fue el cariño, o la tristeza, y también esos monos, que ya estuvieron, y ya cansaron. Por eso están ahí afuera, prendiéndose fuego, revolcándose sobre los pastos, conmoviendo a los que pasan, y la verdad, no me importa. 

Pensamiento

El silencio no es alivio para quien acumula ruidos por dentro. El hombre solitario y sigiloso no es más que el eco del bullicio de sus tormentos, si no se ha dado tiempo de enmudecer los sollozos de sus abismos.

Tu recuerdo es el olvido

Háblame de ti, pero díselo al viento, suave remolino de palabras que balbuceo, pero que en ninguna te encuentro. No sé mirarte, nunca aprendí, no siento más que un pequeño anhelo de visualizarte, de encontrarte a un costado del abismo de esta inconsciencia, observándome, diciéndome que no he crecido, y que nunca has estado, más que en la penumbra, abriéndome paso. De saber que te irías, te hubiese abrazado, ¿dura para siempre un abrazo? Aléjate cuanto puedas, la ausencia soltó belleza, Quizás fui causa de tu camino, pero tú no del mío, llegaste antes, eras resuelto, o tal vez yo me tardo demasiado, ¡quién sabe! Háblame de ti, pero díselo al viento, te quiero, sin embargo ya no recuerdo tu voz, ni tampoco lo intento. Obsérvame caer, una y otra vez, pues caídos nos conocimos, pero aún así,  yo no estoy muerto.

Dulce

Dulce es la mañana que te despierta, qué agravio sería el bullicio del infame! pero no lo tienes, no lo necesitas. Qué vacuos fueron tus odios, tan plenas tus alegrías... Tuviste aquél camino a la deshonra, mas ahora te ciegas ante la vida, porque no es tímida, y qué bien conduce los días... Frío es volver al pasado, qué suaves son tus mantas de vigilia... Al silencio lo vistes de fiesta, y te concedes retazos de bellezas. En la quietud onírica de tus ojos, cuántos ríos tuvieron pereza... Y le sonríes al saliente, muy bien eliges tus monólogos... Tus flores tienen sed, los tormentos enterrados, vuelan los pájaros. Tensa está la soga que bambolea, gran detalle haber elegido el patio.

Mi Juan Carlos querido

Nos amábamos al tiempo en que se erguían las comisuras de sus labios bellísimos. Los míos, un tanto deformes, se entreabrían dejando al descubierto uno que otro diente amorfo para contrastar el ocaso.  Sus ojos hermosos exigían encanto, mientras que yo, como un soldado descuartizado agonizando el orgullo, intentaba mostrarme sediento por cualquier victoria, cuando realmente lo único que quería era acostarme a pensar si merecía una mujer hermosa. Cuando había d isputa, ella tenía sueño y se acostaba a dormir como una princesa de relato alemán. Cuando había disputa, yo me sentaba posteriormente a los pies de su cama a darle cuerda inversa a una cajita musical intentando volver el tiempo hasta quedarme también dormido. Un día nos casábamos en el bosque, y al llegar al lugar pude divisar a lo lejos que ella llevaba un vestido hermosísimo como el cielo mismo. No obstante yo, con mis vestiduras andrajosas de alquiler, me detuve a apenarme detrás de un árbol conteniendo el llanto. No...

Situación

Ante cualquier expectativa, perder es entender de súbito la ficción. Es meditar que algo nunca es propio en ventaja, y saber que los anhelos inocuos de manipular el porvenir, a duras penas, son devastados por la realidad que a cada quien le toca, haciéndolo más fuerte o más débil, dependiendo del peso de las caídas, en los que se aprende a odiar o a amar los ideales. Y en efecto, perder conllevaría a desconocerse y comenzar, o no, de nuevo.

Situación

¿Cuán duro puede golpear la realidad, cuando de repente inferimos en que las esperanzas sólo conllevan a ficciones azarosas? ¿Será que somos juguetes de un destino, y que con el tiempo, aparentamos tomar ventajas en pocos tramos de carreras perdidas? ¿Qué me dicen si dijera que quizás, nos ensamblamos como garrapatas a sueños que están de moda, sólo para asegurarnos el control de un camino socialmente correcto, y de qué forma podríamos explicar la pronta fugacidad de los ide ales ante vacantes mediocres asegurando estabilidad? No somos más que comediantes en circos de bajos toldos, que insinuamos reírnos de nuestras propias desgracias para apiadarnos de las de otros. No somos más que hambrientos en un festín de engaños, donde el que primero acierta es considerado líder, a corto plazo, bajo dependientes circunstancias. Cuando estamos solos, llevamos la conducta bien amarrada. Ahora, seamos muchos, tal vez pocos, pero, ¡qué bien que ahí danzan las exuberancias! Nos somos unos a los otros...

José de Los Palos

Ya no sé a qué hora va a llover. La gente anduvo diciendo que esta tarde habría lluvia. Pero ya es de noche y no hay ninguna lluvia, ni tampoco hay nubes en el cielo.   Viajé para sentarme acá y mojarme un rato. Allá en mi pueblo nunca llueve y la gente se vuelve pesimista. En cambio, me gusta más este lugar, pero no está lloviendo, y eso lo hace igual al otro. Dijeron que hoy llovería acá. Hoy es jueves, y leí el diario ayer, en mi pueblo, para entonces ven ir y contemplar la lluvia. Pero aún sigue sin llover, y tampoco hay nubes en el cielo. Tampoco hay gente en la plaza, más que yo y una señora sentada allá. La señora se rasca las rodillas y mira directo al piso. Quizás también esté esperando a que llueva, pero entonces debería mirar al cielo y no al piso, como lo hago yo cada tanto. Entonces, quizás no llueva, y no va a llover. La gente anduvo diciendo mentiras, y yo les creí. Como encontrarme con nubes grises e inmensas, semejantes a las que ahora cubren el cielo, o como se...

Diálogo

Imagen
F. Delgado: - Y dígame, señor Rulfo... ¿qué piensa usted de la "ilusión"? J. Rulfo: - ¿La ilusión? Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido. F. Delgado: - Entiendo. Y concentrándonos en el tema de la literatura...¿podríamos acaso decir que "el realismo mágico" tiene como anhelo esa ilusión de manipular la realidad hasta el punto de crear una "verdad" convincente para el lector? J. Ru lfo: - Todo escritor que crea es un mentiroso; la literatura es mentira, pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación. F. Delgado: - ¡Ídolo! J. Rulfo: - Perdón, ¿cómo dijo? F. Delgado: - Nada, señor Rulfo. Que tenga un buen día. J. Rulfo: - Muchas gracias.

Ventoso

No queda más que el viento de la tormenta, más que los suspiros y el silencio de los golpes. No queda más que organizar el desastre, más que sentarse sobre el pasto y observar las nubes, yéndose, empujándose entre ellas. No queda nada, más que creer en que aún hay algo, más que por costumbre levantarse y comenzar de nuevo, más que la vida misma, más que el orgullo, más que el espíritu.  No queda más que nubes en el cielo, yéndose, empujándose entre ellas, más que la ausencia de la tormenta, más que el viento, que ya no golpea. No queda nada, nada de nada, excepto todo lo que fue antes de la tormenta, que ya no está pero que con dolor se recuerda, más que nada, y entonces, es algo.

Descanso

Falta poco para que el día sea nada, o quizás falta mucho para que sea algo, pero el tiempo es el tiempo y esta noche elige ser poco.  Las paredes tiemblan y mi pecho se contrae. La habitación está tan lejos y sólo tengo esta mesa. Que hace ruido y me desafía, que se acerca y que ahora de a poco me asfixia.  Yo la quemo con cigarrillos pero ella sólo se exaspera. Quiere que le escriba pero no sé qué escribirle. Comienzo con que los cielos se están rompiendo pero de  súbito me embiste hasta ver estrellas. Falta poco para que el día sea nada o quizás mucho para que sea algo, pero ella dice que falta mucho y que el tiempo siempre debe ser poco. Por eso ahora me arrincona, y las paredes tiemblan y mi pecho se contrae.  Yo quiero creer en el tiempo, y en que son pocas las veces que uno siente la vida. Que todo pasa en un suspiro, y ya nada se toca sin dejar aliento. Que las flores no son más que miserias ante la muerte, o que un dolor en el pecho sólo marca una derrota....

Little moment

Mirándola recostada dormir, alucinaba la tibieza de su semblante bello, como enmascarando sutilmente la profunda somnolencia de algún recorrido voraz hacia los astros del cielo oscuro.  Viéndola desde acá, sentado a pocas ganas, temía saber si detrás de esos ojos nublados había un mar inmenso abriéndose paso entre las ficciones que conllevaba la noche, para arrastrarse a borbotones, finalmente hacia el mismísimo puerto de la existencia, y embestir mi vigilia, echándola de súbito hacia las aguas turbias del igual ensueño.

Encuentro

Un hombre camina por la vereda y observa que del otro lado de la calle le sigue un perro. Dobla a la izquierda, luego a la derecha y mirando de reojo encuentra nuevamente al animal. El hombre se detiene y también el perro se detiene. El hombre comienza a correr y observa que el perro también está corriendo. Empieza a gritar y el perro emp ieza a ladrar. Corren así un buen rato hasta que por fin llega a su casa. Abre la puerta, cierra con llave y observa por la ventana que el perro le aguarda en el umbral. El tipo llama a la perrera y ordena que se lleven inmediatamente al animal. Al día siguiente, camina por la vereda y observa que del otro lado de la calle no le sigue un perro. Dobla a la izquierda, luego a la derecha y mirando de reojo encuentra que ningún animal lo está siguiendo. El hombre se detiene y nadie se detiene. Comienza a correr y observa que del otro lado nadie está corriendo. Empieza a gritar y no escucha ningún perro ladrar. Hasta que por fin el hombre llega a su ca...

Little moment

Intentaba recordar su voz. Encontrar sus labios en mi aliento, sus ojos cristalizados en mis parpadeos. De alguna manera, quise perpetuar su imagen al desvelo. Consolando luego mis brazos que aún la buscaban retorciéndose con el viento, a duras penas, sosteniendo las cenizas muertas de su recuerdo.

Little moment

Nos mirábamos a los ojos sin pensar en lo que hablábamos, como si utilizásemos las palabras como escalones para encontrarnos en la salida de un abismo, en las alturas de nuestros deseos, como atemorizándonos ante el riesgo de caer en la ceguera de un silencio. Nos mirábamos sin tenernos y deseábamos el momento eterno. Aún sabiendo que nos destruiríamos, quisimos concedernos el tiempo para estrellarnos contra el piso y despedirnos con un amargo beso. 

Por el camino

Permanecía tirado a varios metros del coche, el cual ya comenzaba a desintegrarse entre las llamas furiosas del fuego. La carretera se encontraba demasiado lejos, pues el vuelco me había desviado rotundamente hacia los pastizales, dejándome así en medio de la nada de aquella tarde. Al intentar incorporarme, noté la ausencia de mis piernas, las cuales se hallaban a poca distancia esparcidas sobre los pastos. Faltaba también un brazo, la mitad del otro y algunos dientes. ¡Qué desastre! Debía resolver el asunto cuanto antes si quería conservar mi empleo, pues la reunión a la que me dirigía no iba a esperar mi asistencia y en su defecto, no iba a haber una segunda oportunidad. - ¡Oigan ustedes, malditas! ¡Enseguida regresan a este cuerpo o de verdad que la pasarán muy mal! Tontas desagradecidas. Debería haberlas abandonado en cuanto hube de tener la primera oportunidad. El calor del sol castigaba cada vez más fuerte y estaba sediento como un perro. - ¡ Está bien! ¡Allá ustedes! ¡A pis...