Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2018

Retazo de un viento destructivo

Juguemos a no encontrarnos esta noche y a no saber quiénes somos. Entre los escombros donde descansa la furia del mal, busquemos ahí la identidad, porque caídos nos conocimos y sobra tiempo para arrastrarnos a bailar.  Juguemos a mirarnos en la oscuridad y entendamos que esos rostros son nuestros, que no tenemos nada que decirnos, sólo interpretarnos cuando el viento ya se ha ido.

Sobre uno y otro

Me mira el gato y no hacemos otra cosa que clavarnos los ojos como revolviéndonos las tripas, acá, entre nosotros, permitiéndonos el tiempo para saber que aún estamos y que dentro de la inmensidad con la que nos miramos, tan sólo supimos andar los días, observándonos como extrañas criaturas y desconfiando de nuestros actos, como cuando por las noches, nos asustamos al encontrarnos entre sombras desfigurados.  Me mira el gato y no hacemos más que mirarnos. Allá, por ahí afuera, se andan todas las cosas que dejamos, para contemplarnos ahora no hacer nada y en silencio acompañarnos. Me mira el gato y está ahí echado, sobre esa silla. Yo lo miro acostado, y en medio de la quietud con la que nos miramos, justo en un punto de soberbia cordura, ambos sabemos que está oscureciendo... y entonces, con temor, respiramos.

Contame

- Contame de nuevo que no somos nada y que no existimos más que para desconocernos. Que ante una pequeña certeza siempre hay una gran duda, y nos abrazamos al viento para escaparnos de lo que nos detiene...  - ¿Qué? ¿Que te cuente qué cosa...? Estás hablando solo, Raúl. Dejame dormir. - Contame que el frío se siente poco, y que aprendimos a no darnos nada cuando lo dimos todo. Que siempre estuvimos separados, y aún así nos animamos entre los fuegos de una inconsciencia... - Disculpe, señor. No le entiendo. ¿Va a llevar algo más que los tomates? - Contame que nunca entendimos la noche, y que nos echamos de vueltas a la calle, como perros sin rumbo esperando el amanecer. Que llevamos pocas cosas dentro y nos ensuciamos el alma para encontrarnos, una y otra vez... - Pero, ¿qué dice? ¡Póngase a trabajar, Fernández! - Contame que tuvimos sueños y que nunca hicimos nada. Que nos sonreímos cuando perdimos y nos fuimos caminando rápido, cuando nos dimos la espalda. Contame... - L...

Sepamos tenernos a nosotros mismos

Hay un tipo sentado en el patio de su casa y no hace más nada que esperar su muerte. Lleva el día entero ahí sentado, y sólo mira sus manos, inertes sobre las piernas como dos trozos de tela. Tiene los ojos pequeños, que apenas contemplan. La cara tan blanda que, por sobre el pecho, bambolea.  No hay más nada alrededor que un montón de miseria. No siente el viento ni se calienta al sol pleno. Busca en su memoria al desafiar un recuerdo, mas sólo se bloquea.  Juegan los gatos entre sus piernas, y lo observan sin certezas...  Hay un tipo sentado en el patio de su casa y no hace más nada que no saber que está muerto. Lleva el día entero ahí sentado, y sólo mira sus manos, inertes sobre las piernas, como dos trozos de tela...