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Mostrando entradas de marzo, 2018

Cenizas de un viaje

No fue por el combustible, ni por los cigarros, ni por la desazón de alejarnos, ni por lo que bebimos, ni por lo que aceleramos, ni por un montón de cosas que pensamos, para que el auto se nos prendiera fuego y muriésemos a un costado. Fuimos nosotros las llamas vivas de la tragedia, y no sin revolcarnos sobre la tierra, nos mordimos los labios, arrancándonos a pedazos. Nos sujetamos en un calor intenso y se nos pegaban los brazos. El sabor a muerte tan lujurioso como brasas en nuestro aliento acabado. A rostro desfigurado, fueron cálidas las asperezas. Apenas con la mirada débil, entendimos tenernos uno al otro, siéndonos necesarios, viéndonos inertes bajo un sol agobiado. Mientras el fuego se lo devoraba todo, sólo quedamos nosotros, petrificados a un costado. Tuvimos suerte de sujetarnos. Quizás hubiésemos andado por ahí, desparramados. No recuerdo si eran sus ojos o sus labios, pero en alguna grieta de su rostro, me decía "te amo."

Ludus-Ludere

Juego solo en este remolino de ideas vanas y en un pequeño punto, casi fuera de cordura, me consagro vencedor sobre un abismo por donde trepan extrañas criaturas, que dicen ser yo mismo. Juego solo y hago trampa, en el apogeo de la insensatez me encuentro contemplando caminos desviados y me sonríe la cara al saber que manipulo al viento y le ordeno al sol. Juego y me quedo conmigo, para encontrarme más allá, o perderme por donde cuelgan las hiedras y la tierra brilla a oscuras. Juego a risas y me detengo, son cigarrillos encendidos y copas plenas cuando inspiro. Son árboles empujándose,  llevan consigo retazos del mal. Juego y repito, a la deriva de un vuelo, construyo las fortalezas de una perspectiva al sentirme cerca. Revoleo las patas y me veo los brazos largos, larguísimos. Juego solo y acá se termina, porque, como desciende la niebla, siempre se acerca ese sonido, que no sé de qué es ni de dónde viene, pero sería como si el mar estuviese dormido.

Siesta de Agosto

Hay placeres tan bellos que no necesitan una explicación coherente para disfrutarlos. Como contemplar al gato lamiéndose las patas, o como mirarla desde ahí, comiendo mandarinas bajo el sol y escupiendo, con sagaz puntería, las semillas a una pequeña flor en el patio de casa. Además de escupir, también tenía talento para cantar, o algo así. Entonces, apretaba con sus manos las cáscaras de las mandarinas y entonaba ciertas melodías que nunca terminaba. Las letras hablaban de amor, café, barrios pobres y estaciones de trenes, entre otras cosas. Me gustaba mirarla desde ahí porque no éramos felices estando juntos. Nos amábamos pero casi ni nos hablábamos. A veces la sorprendía observándome desde el marco de la ventana cuando trabajaba en el taller. Hacía unos gestos rarísimos y se retiraba de inmediato. Por las noches, conversábamos unas pocas cosas y nos abrazábamos antes de dormir, como compensando la ausencia. Creo que simplemente no estábamos encaminados a estar juntos. Nos conoci...

Magnetismo

Nos matamos esa noche que, por debilidad, nos besamos. Nos besamos porque no teníamos nada en el mundo, más que la amabilidad de permitirnos un placer mutuo. Éramos pobre gente, y magnificábamos esa pequeña alegría y la asimilábamos como un enorme triunfo. Cosas que de otra manera hubiésemos ignorado. A pesar del cansancio, nos entregamos a la calidez de un vaivén de bellas canciones, sacudiéndonos de un lado a otro y sonriéndole a la desfachatez del momento. Los pisos ya limpios, las sillas invertidas sobre las mesas. Brillaban las copas, la satisfacción de concretar el día. Nos atravesábamos con la mirada, nos sedujo la penumbra. Sus labios estaban rotos, sus palabras eran fuertes. Me gustaba el sigilo con el que me abrazaba y la exactitud de apagar un cigarrillo cuando yo encendía otro. Nos concedimos pequeñas cosas y fuimos felices. Como mereciéndolo. Como queriéndonos convencer de que podíamos ganar algo. Como sabiendo que no éramos nada sin el momento. Como retribuyéndonos, ...

Little moment

Suben y bajan escaleras. Sostienen sus faldas, tropiezan descuidadamente. Algunos llevan prisa, otros se detienen a besarse. Hay uno que ya subió, ahora está bajando. Se sujetan de las barandas, se saludan o no se miran. Suben y bajan a montones, tiembla el mármol, es casi divertida la frecuencia. Son un montón de gente yendo y viniendo, subiendo y bajando. ¿Se está yendo subiendo y viniendo bajando, o se está yendo bajando y viniendo subiendo? Van y vienen como sabiendo, se optimiza el mecanismo, son todos gente funcionando. Algunos llevan sueños, llevan vida entre sus manos. Siguen subiendo y bajando, sigue temblando el mármol, los pierdo de vista al contarlos. Son cosa inmensa, es inmenso el mundo desarrollando, es inmenso el mareo, y tan sólo deseo dormir acá sentado.