Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2018

Si el vidrio está empañado

Caminábamos por las calles arrojándonos en la cara cualquier tipo de insulto que se nos viniese a mente. Jugábamos a no soportarnos y hacíamos del engaño un bello arte de malicia que detenía el tránsito y sofocaba ancianos. Nos metíamos a los bares y nos agarrábamos a disputa hasta que finalmente nos corrían como hojas secas a la calle. Nos corrían de los bares, de las plazas, de los colectivos, así nos andábamos por cualquier lado, escupiéndonos el alma y divirtiendo a adolescentes infames. Nos andábamos así, irritando al viento y destruyendo la templanza pública. No obstante, cuando de cansados nos mirábamos a los ojos, volvíamos a casa y nos revolcábamos sobre la cama, como reconstruyéndonos y celebrando que había sido un gran día. Y mientras la gente nos recordaba como unos pobres infelices, nosotros nos besábamos sabiendo que estábamos a salvo del mundo, que el amor era sólo nuestro, y que a nadie más le correspondía.

Mirando fijo a una mujer sorda

Tengo tantas ganas de que pase algo diferente que hasta me abstraigo, de manera tan sagaz, a una ficción que ya está sucediendo. Entonces, todo lo que antes estaba haciendo, ahora me resulta sorprendentemente nuevo, como los cigarros que huelen raro, o como un montón de gente en la que pensaba con gesto cálido, ahora me parece tenebrosa y desconocida. Son un montón de cosas que cambian, si quiero, y que de alguna manera me gusta. Pienso, por ejemplo, en un examen fallido de literatura, pero sólo me concentro en la idea imponente de haber obtenido un gran éxito en el suceso de la materia. Cosa que ahora me tuerce una malévola sonrisa al creer poder manipularme sobre mis actos. Sabiendo que es mentira, sólo tengo a punta de lengua argumentos que lo contradicen. Entonces, quizás no tengo tantas ganas de que algo diferente suceda, no exactamente así, sino que encuentro que lo que realmente quiero es mentirme a mí mismo y sacar provecho momentáneo, como para perderme un rato por neces...

Encendido/apagado

Salí de la escuela, me subí el pantalón, crucé la calle, pateé unas piedras, le sonreí a una niña y al llegar a casa, mi hermano me dijo que papá se había muerto.  Pasé por la cocina y con temor me acerqué a la habitación donde estaba mi madre. Apenas asomándome, a corta vista, la observé un rato ahí tendida. Estaba desparramada sobre la cama, casi inerte y llorando, llorando y maldiciendo. Maldecía y hablaba sola. Decía cosas inconexas; cosas de algo así como amor, odio y dinero. La miraba y ella no se daba cuenta. Tuve ganas de hablarle pero, de un tirón, mi hermano me llevó hacia atrás y me dijo que ahora debía comportarme. Le pregunté qué le había pasado a papá, sin embargo, sólo me dijo que permanezca en mi cuarto. Jugué con unos muñequitos sobre mi cama y recordé cuando con papá intentamos arreglar el auto.  Era una mañana calurosa de marzo y no había asistido al colegio por una fiebre que me vapuleaba desde hacía dos días.  - ¡Arriba, hijo! ¡Hoy te enseño...

Son ojos sin brillo

Sepa usted, quien esté leyendo, sepa que me duelen las rodillas, los brazos, las orejas, los codos, el espíritu, el alma, todo lo que a mí respecte, sepa que me duele y me duele sobremanera. Sepa usted del magno esfuerzo que hago al contarle esto, que hago al contar y tratar de librarme de tan horrorosa bestia que ya no me permite ni un momento en paz. Déjeme contarle y no se vaya. Déjeme decirle lo que aquí dentro ha pasado, aquí dentro de mí, dónde no sé bien, pero aquí se ha alojado a convivir conmigo una cosa extraña con aires de malicia y fuerzas inmensas que golpean de súbito noche y día. No sé cómo seguir contándole, pero le voy a decir que una vez tuve un sueño. En la ficción, me encontraba sentado en una plaza y observaba cómo el viento meneaba las ramas de un árbol enorme. Era por la noche y el silencio, casi absoluto. Sólo se escuchaba toser a alguien a varios metros detrás de mí. Los tosidos cada vez se escuchaban más cerca y mi cuerpo se mantenía estático. Intentaba vo...