Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2018

Bar de muertos

Aquí dentro hay un bar siempre abierto y alguna gente lleva tu nombre. Alguna otra lleva el mío y todas esas personas somos nosotros mismos, embebiéndonos como si no nos hubiésemos ido. Ya nos fuimos y son recuerdos. Son retazos de vida no querida, entre el olvido y la memoria, y ahí se quedaron, encendiendo cigarrillos y pidiendo tragos, seduciéndose como una noche lo hicimos, y toda esa gente ficticia de nosotros mismos es mucho más feliz que lo que alguna vez fuimos.

Corre viento sobre las piedras

Cuando supimos que nuestro padre iba a morir, empezamos a querernos de una forma extraña, creo que ahí es cuando uno crece, y nos asegurábamos de tenernos por la mañana y nos mirábamos como no sabiendo qué pasaría, si también nos iríamos o si llegaría alguien para ofrecernos otra vida. Vivíamos en el campo y no teníamos nada. A pesar de la lejanía y de la muerte de nuestro padre, aprendimos a cuidarnos y sobrevivimos. Sobrevivimos comiéndonos los animales que quedaban y por las tardes nos dedicábamos al cultivo. Un día mi hermano también murió y supe que estaría solo por el resto de mi vida. Extrañaba a mi madre, y lamentaba apenas haberla conocido. Ya no quedaba nadie, y no tenía otra cosa que también esperar mi muerte. Una siesta me dormí y los soñé a todos vivos. Mi padre sonreía y mi madre peinaba a mi hermano. Era casi perfecto, pero en el sueño yo estaba muerto. Pero estoy vivo, y quizás viviendo viva esta gente en mis sueños, si no, ¿dónde más podrían vivir?