Entradas

Mostrando entradas de enero, 2018

Eutanasia

Qué sueño tan bello, ya no despierto. La noche es absoluta, no respiro el silencio. Busco mi cuerpo y no me encuentro. ¿Será que de sombras nos enamoramos los muertos? Reviso en mi memoria y todo lo tengo. Nunca recordé tanto, o no olvidé ni un momento. Me estuve durmiendo cuando alguien se quedó dentro. Fue largo el suspiro, quizás escapé de un encierro. Volé en soledad sobre este mar oscuro, fue tan incierto. Encontré calma cuando sentí el viento. ¿Estoy acá para siempre? Quizás ya no sea desconcierto.

Consulta

- Permiso, Dr. Lobos, ¿tendría unos minutos para una consulta? - ¡Ah! ¡Pero si es usted, Sr. Manfredi! Adelante, siéntese y dígame qué es lo que lo trae por aquí... - Bueno, verá, Dr., todas estas últimas semanas he estado trabajando en mi conducta y poniendo en práctica sus indicaciones al pie de la letra. He comenzado a relacionarme con los demás pacientes y he mejorado mi trato con el personal del establecimiento. Si bien recuerdo, usted dijo que si notaba alguna mejoría en mi comportamiento, podría permitirme disfrutar de algunas libertades. Por lo tanto, quisiera saber si después de este pequeño progreso en mi conducta, podría devolverme mis documentos que, como bien sabe, son todo mi trabajo y fuente de distracción para mantener mi mente en ejercicio... - Entiendo... realmente es un gusto, Sr. Manfredi, saber que no sólo ha mejorado en su dicción sino también en su higiene personal. Estoy al tanto de su progreso y es un orgullo para mí saber que mis pacientes evolucionan favor...

La casa del viejo Mejides

Imagen
De cualquier manera que hubiese querido escapar, habría sido un gran error. Así lo pensó Juan Albertito cuando sus perversos amigos lo encerraron en un oscuro cuarto de la antigua casa del viejo Mejides. Habría sido un gran error intentar escapar porque afuera lo esperaban con piedras y risas contenidas de purísima maldad. Se quedó un rato mirándolos a través de un vidrio sucio de la ventana, y al notar que no se irían, se desplomó de amargura quedando sentado en el piso del cuarto. Suspiró unas tres veces y fijó su mirada triste en un polvoriento cuadro que pendía de un clavo en la pared de enfrente. En el cuadro notábase una viejita de rostro muy dulce, sentada a una mesa y tomando algo así como el té. A sus costados inferiores se posaban dos gatos pardos y un perro pintado a pocas ganas. La mirada de la viejita dulce apuntaba hacia una ventana por donde entraba la luz y reflejaba un melancólico momento de atardecer. Albertito se quedó mirando un largo rato el cuadro. Observó tod...

Encierro febril

Me dejaron solo y juntos escaparon. Estoy sentado acá porque vinimos a robar. Vinimos a robar porque se dice que acá hay mucho dinero y a nosotros nos hacía falta. Estoy sentado acá, encerrado en una oficina del banco. Tengo fiebre y también tengo hambre. Afuera hay 17 policías dispersos en toda el área, mentalizando ponerme una bala en la frente. Les grité que tengo un rehén, pero es mentira. No hay nadie conmigo y estoy solo acá atrapado. Les dije que tengo un rehén y que no habla mucho, que es callado. Parece que se la creyeron. Los escucho ahí hablar bajito. Uno tiene la voz muy grave y definida, quizás también sea locutor, o cantor de boleros, cosas así... Hablan bajito y se organizan para poder dispararme desde cualquier ángulo. Pero yo tengo un rehén imaginario y eso les complica. Entonces aprietan sus armas y transpiran mucho. Les grité también que mi rehén es una mujer joven. Que tiene bellos ojos y una sonrisa muy tierna. Que le gusta el puré de papas y que estudia veterin...

Little moment

Toda esta noche es tuya. Es tuyo el dolor y el orgullo de una sonrisa. Son tuyos los árboles, que no cantan al desvelo, las sombras son sólo una y toda esta quietud onírica te pertenece. Es tuyo el viento porque así lo quisiste, son muchas las penas pero hay una que me acompaña. Es fuerte tu deseo, me asfixia el momento, quisiera no sentirte, pero son tuyas todas estas cosas y acá me las dejaste. Fue mutuo dejar de querernos, pero te fuiste cual muerto sin su tumba. Toda esta amargura es tuya, apenas pude con la mía. No sé cómo buscarte, tampoco lo quiero. Quisiera que te lleves todo esto, porque son tuyas todas estas cosas. Como también fue el cariño y la alegría, que no lo encuentro y que de seguro te llevaste. Suave brisa en la cornisa...

Permanencia

Escuchá... fijáte que el sonido es poco. Estamos sentados acá sin hacer nada y tampoco se ve algo. ¿Tenemos los ojos cerrados? Dormimos esta mañana pero ya nos despertamos. Sé que estás acá a mi lado porque te siento respirando, pero no puedo tocarte, tampoco me estás hablando. A ver, acercate un poco más. ¿Escuchás el viento? Se siente raro. Es como si no estuviéramos... pero estamos acá y estás a mi lado. Ahora está frío. ¿Apagaste la luz? Viste que por ahí hace calor... Ayer me gustó lo que hablábamos. ¿Te acordás? Pero ahora no me decís nada. Estás como tímida, o yo estoy hablando mucho. Una vez leí que cuando se muere, uno ni cuenta se da. ¿Se puede morir de a dos y no darnos cuenta? Yo no creo. Si así fuese, no estaríamos hablando. Ahora se siente agradable el clima, ¿viste? Pero se me cierran los ojos, o ya los tenía cerrados. Sigue siendo todo muy extraño. Mejor, sigamos durmiendo.