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Voy, yendo

¿Cuántos ritmos suscitan los suspiros? Espiro y siento fundirse el aire, soluto en indiferencia y sagaz en asfixiarme, leal en dejarme las horas contadas y el pálpito casualmente con el que camino, intentando llegar, un poco más cerca de no sé dónde, pero voy, y sigo yendo, aún noble.   Respirando las asperezas, bueno, me deslizo somnoliento sobre este mar; vertiginoso en profundidad, necesario si me detengo en cansancio a naufragar; a sentir el sol, y amablemente a pensar en vos.   Me detengo para acelerar y hago aposento de la noche, las no estrellas y mis piernas quietas, que saben muy bien descansar. Tal vez, si quisiera, podría morir en el pedregal, pero el tiempo es un campo abierto donde quisiera recrear... y retomar algunos vuelos, no sin antes, y aún, poderte abrazar.  

Sabor naranja

La roca no es tan roca si en alguna parte se enternece y da flor a natura, como el sol que no es puro y absoluto cuando no se siente, o como el vagón que no es el tren, pero sí la magnitud de su fuerza. Como la pintura que no diluye en mis manos, como el desastre arrinconado; libros sin textos, una serie de deseos distribuidos en pequeños cuencos, como canciones lloradas, sonatas de gente aún olvidada, como el cielo que no es tormenta, que no hace nada, y como esa nada, nada en mí.    

Plume

Pájaro volcán que anida de río en río; fragmento de aire, soplo de luz incandescente sobre órbitas torrenciales; atesora tu vuelo como basto amanecer, quiebra la tormenta. Júbilo de sentirte en todas partes, caricias de liras como respiros inalcanzables; pájaro y volcán, atraviesa los cielos, deshazte del polvo negro, respira contigo como la noche en la que te has ido, cándido come il vento, sentí que ya volabas, aun sin consuelo.  

Por acá me fui

Se impone el día impertinente sobre estas aguas, y asomo por la rendija, la mirada para sentir el sol. Lumbre de radiante tibia, escucho las nubes pasar. Hecho y devuelto en este cuerpo, busqué mis manos para respirar; aún tengo labios, y algunas palabras que no supe olvidar.  Rompí mis penas y de trozos armé una alegría, cambié mis sábanas, y en labor de resucitar un sueño muerto, entendí el desvelo que de manto cubría mi aposento. Escribí en un papel cuantas veces pude mi nombre, y dibujé una flor, como consintiendo un viento, viento de un sabor que ya no siento.

Deuda

Pago conmigo mismo la templanza con la que me respira la montaña, y adhiero a la precaria cuota la languidez de mi cuerpo desbaratado y echado al viento. Superfluo de temores, me regocijo ante estas nubes de polvo, y abro mis ojos para no olvidar que aún me deseo honroso. Si pudiese sentir frío, o calor… estiro mis brazos como danzantes hacia el aire y me revuelco en los rosales de estas tierras punzantes, desangrándome las sienes y obnubilado por la hostilidad; soberbia belleza la que con dulzura me desgarra los labios y me enternece el semblante; palidez onírica de sutil desfallecimiento bajo un cielo rojo e inmenso. Si pudiese sentir mi voz… bueno, aún la conservo; vibrante al susurro, repito los mismos versos, cual monotonía de cualquier suceso adverso, y manso y sin veto me entrego al obsceno, frívolo paisaje quien ahora toma de mi cuerpo, mis sueños son ventiscas, me hago parte de este vuelo.

Parte que queda

Brillantina de pura luz, descansa sobre mis párpados al vocifero de la misma canción, que de partes rotas aprendí, y cambié los versos, al amargo de un ciclo voraz que nunca desaprendí. Recosté un sillón sobre este cuerpo, y paralicé, entre un vaivén de imágenes, la figura de tus labios a contorsión de fuego y también a envión de un ensueño.     Nos quisimos atar al mar, y volarnos por los cielos; cuerdas rotas de un impulso, hubiésemos debido dónde parar, y aún así, al desconcierto, me quedé en tierra y vos en viento. Cierro mis ojos para no saber si aún los tengo, pero tengo, y todavía así, no despierto. Acristaladas las asperezas, propulsé un sueño en busca de tu tiempo eterno, y llovieron restos, y en medio de esas aguas encontré un argumento, que en duras palabras, apenas entiendo. Si pudieras soplar el mar, quisiera sentirte de nuevo en vuelo, saber que la tierra es cálida y no por eso, que no soslaya aliento. Cumbre al desamparo, o desliz directo hacia el aposento. I...

Desborda el llano

Corren las flores sobre los campos muertos y riegan como desde un vientre el fango espeso, a quienes danzan en vilo con desesperados movimientos, la más bella obra de sus ojos perdidos.  Algunos sostienen como en un cáliz su duro aposento, y se embeben sobre sus cuerpos, acariciándose como no encontrando sexo. Corren las flores y se despedazan con tanto viento, belleza intrínseca, la de aún mantener vigilia, aún sorbiéndose sobre esos templos, entreabiertos como bocanadas de aire seco, apabullándose sobre la noche, buscando no hundirse más de lo que les ofrece el suelo... las flores... o el viento.

Llego en diez

Deseo inmortal de establecer un trazo al figurar su cuerpo cándido y distensionado, doblegado por la pulsión, vaivén de arterias que fluyen su nombre directo al río. Escribí un poema, y le puse sus labios. Vacié el cenicero, y me quedaron sus restos. Estructuré cuantas veces quise la misma parte de la misma historia, y sostuve el mismo adverbio, y no dibujé sus ojos, sino los míos.   Encuentro fortuito de una desazón inigualable, si pudiera acariciarte al temblor de este retrato, ¿cuánto de mis manos debería entregarte? Acción y complemento, perpetuo como el viento. Fulgor en su recuerdo, retrato como puedo el mismo cuento.

Viene yendo

El aire viene encantado, él también va a cualquier parte. Resuelve conmigo, unir su destino con el mío. Me cubre con sus mantos, de arena y de sales, y acaricia mi rostro como se acarician los árboles. Como se quieren las flores, nos queremos y nos acompañamos.  A veces de a hurtadillas nos andamos y sobrevolamos los campos, y en la inmensidad de la noche, dejamos ir uno que otro lamento. Como hojas al viento. Como viento que se renueva y no hace daño.

A medio abrir

“Es lo que hago”, le dije, y aún no comprendiendo yo mismo la ambigüedad absurda de lo que acababa de decir, a pocas ganas y sin espíritu, agregué: “pinto porque quiero hacerlo”. Me miraba como un enorme trozo de muro impenetrable. O me miraba como viendo una grieta temerosa de mi alma. Me echaba sus ojos encima y sentíamos el fluyente del río. Resuelta en su mirada, era yo un viento por sus cabellos. En sus manos llevaba un lirio y me acariciaba el rostro como consolando, sus manos… Me quedé dormido en sus brazos y en un sueño la escuché susurrando. No sólo somos lo que hacemos, sino también lo que sentimos de lo que nunca fuimos, como fugaces y el tiempo, corrompido por recuerdos que nunca existieron. Fulgor inexacto de una mente que no maquino. 

Respiro inerte

Algunas noches, quizás, alguien me trae el sueño y duermo pleno. Duermo como sabiendo, interpretando fortuito el momento. Descanso como la gente que se descalza en las veredas y apacible cierra sus ojos. Como el mar que no rompe. Como una casa deshabitada, tal vez, descanso. Estiro el cuerpo, como longevo por los años. Inmovilizo mis manos y me agradecen somnolientas el desgano. Duermo como algunos muertos que quizás no recuerdo en el momento. Duermo sin escuchar viento. Duermo como comprendiendo. Duermo y no me siento. Duermo. 

Cobre

Quizás me perdí en un abrazo y ahí me quedé a vivir,  sosteniendo una figura inexistente,  y aún pensando que podría resistir. Quizás me quede muy poco de la inmensidad creada por tantas miserias,  o quizás ya no me quede tu mirada,  sino un montón de ojos tristes,  que siempre fueron los míos,  ante los tuyos. Quizás comience un sueño y lo deje todo. Quizás podría arrojarme al mar y salvar el alma de un solo sorbo. Quizás… quizás todo.

Canción de fondo

No derribes esta noche lo que apenas esta mañana levantamos. Son tan suaves tus manos, ya no tienen tacto. Nos miramos como dos animales apartados y jugamos a aceptarlo. Rompiste tus jaulas, me concediste el espacio. Cuando supimos llegar a algún puente tan sólo nos detuvimos a abrazarnos. Ahora me miras como atravesando, O quizás yo te miro como un gran lago, Reflejando un cielo estanco del que nunca hablamos.

Cuando anochezca habrás perdido el sol

Tengo este día que lo dejo para la noche y quizás sea mejor mañana, hacer no sé qué cosa, pero recuerdo el de ayer y me olvido de que en suceso sucede otro, y es otro día. Vapor caliente de una taza colmada de desintereses, guardo en el cajón lo que queda de este sol y me abrazo el esqueleto de a penas y vueltas sobre el sillón. Cuando anochezca quisiera estar ahí, en órbita de una fiebre descomunal, arrojándome el cuerpo hacia los fuegos, venciéndome sobre mis propios sueños. Carente de emociones que no recuerdo, sepulto este día entero en la tibieza de un desconcierto.

Las penas al agua

Río que fluye (fluyendo) llevando consigo la tempestad hacia mar. Agua turbia en vorágine golpeando las rocas de la profundidad. Torbellino incansable, ¿quién en tu camino te detendrá? Fuiste gota de una lluvia y en silencio te llevaste el dolor. De todos nosotros, quienes desde la orilla arrojamos lo que sobre la espalda arrastrás. Si pudieras sentir un sueño, ¿no quisieras descansar? Nocturno en las tinieblas, me invitas a naufragar.

La casa en orden

Arrojo para allá lo que tengo por acá y me acomodo un poco más cerca de este vacío que me acompaña, que no me daña y en sigilo me abraza. Nos miramos como dos enormes porciones de nada y sonreímos a cara boba a sabiendas de que despilfarramos la mañana.  Como si nos permitiésemos unos momentos, damos algunas vueltas por la casa. Abrimos y cerramos la ventana. Mirando por la rendija entendemos que la gente no nos daña. Tampoco nosotros. Qué sería de mí sin este vacío noble que acompaña. Hermosos ojos. Acercame de nuevo a tu mirada.

Little moment

Fuego incontrolable de dolor, dame más fuego.  Viento incesante, suspiremos al unísono.  ¿Cuántos cantos tiene un río? Yo escucho siempre el mismo. Cándida penumbra de un momento desgastado, fulgor de un recuerdo vano. Quisiera dormir esta noche, saber que aún no he despertado. Comprender quisiera después de tanto ruido, Saber que quien no duerme soy yo conmigo mismo.

Descaro

Impertinencia la de volver a encontrarnos, tan absorbidos por la miseria como si nuestra compañía nos calmase en algo, como si nuestros ojos nos dijesen algo,   algo más que la redundancia de un partido no ganado. Derrotados sin aliento, incomprensible intento de no recuperarnos, insoslayable camino pedregoso a las tinieblas de un amor roto, cuánta unión habrá de separarnos. Comencemos un día abrazándonos al ocaso, sutil metáfora, son tiempos ya contados.

Pequeño momento

Quizás no me detenga esta noche, como no me detuve en ninguna otra, desorbitándome el alma, jugando a lo indestructible, riéndome a solas con fugaces figuraciones… Hoy vi un perro lamerse las bolas y fue lo más poético del día. Llevamos en los ojos la miseria de un mundo que no puede expresarse, Por eso nos sonreímos y hacemos de cuenta que vivimos para aceptarnos, Yo creo que tenemos miedo, Llevamos un temor inmenso por lo insospechable, El terror es siempre un corazón libre, Contando lo que es, o pudiese ser.

Dentro/Fuera

De esta forma tan egoísta te cuento mi vida, Solvente de acarrear las horas, Me detengo en la deshonra, Ásperas ficciones de encontrarte algún día, Espasmos lúgubres de promesas inconclusas, ¿Querrás verme aún vapuleado por la desidia? Tengo cartas en juego, Es apenas sutil la melancolía, De saber que aquí dentro no te encontraría, ¿Hubiese seguido eligiéndote a la deriva?

En rojo

Me miro esta boca que hoy tengo y quiero besarme hasta quedarme muerto, esta boca que me arrastra por duros desvelos, susurros cómplices de momentos que no recuerdo. ¿Si pudiese decirte algo, lo dirías? Me quedo a escondidas con esta cosa, que pronuncia palabras que no comprendo, que anuncia sabores que no tengo, y, tal vez, me dice, ¿somos del mismo muerto? Llevo esta boca que sabe amargo, la llevo y no se pierde, no me sigue, no acompaña, la llevo y me repite, ¿somos del mismo muerto? Pero yo no estoy muerto, le digo, y me aprieta los labios, y me tuerce los dientes, ¿somos del mismo muerto? le digo, somos de labios rotos, me dice, y me sonríe. 

A un costado

       - Bueno, pintale un río. -          -  No hago paisajismo. ¿Otra cosa? -           -  Y no sé, a la vieja le gustan los ríos… Ya que no le vas a comprar nada, podrías regalarle eso. -           -  Ella no me regala cosas… -           -  Ya sé, pero yo quiero que le regales algo. -           -  Y ¿vos quién sos? -           -  Ya te voy a dar quién soy. Pintale eso. Yo ya vuelvo. Comienzo como sabiendo qué tengo que hacer y estiro sobre el lienzo un trazo tan torpe como la idea que tengo de un río. Quizás la última vez que haya estado en uno fue cuando conocí a María. Vaya coincidencia. Nos encontramos a la sombra de un árbol, tan desocupados que ni siquiera sabíamos qué hora era.            -   Flaco, ¿tenés hora? - ...

Café negro

Irrumpe el gato por la ventana y me revolea las ideas del susto, cual tormento del alma asomándose en tranquila somnolencia, en reclamo de algo que aún no resuelvo, que sería más fácil acariciar que sacudir el desvelo. Continúo y contemplo, sigue siendo esta taza la atracción del encierro, con el café frío junto a un puñado de recuerdos, que envilecen y se zambullen en amargo negro.   ¿Son apenas sombras los recuerdos? Tengo las sienes hundidas de no verlo, de no ver si es solo un café, o si es la vida figurando este momento.

Somnolencia

Caminé porque otra cosa no tenía que hacer y cargué con esa ansiedad de acá para allá; sobre el puente y bajando las escaleras, a un costado y por el medio de la calle y, sobre todo, sobre mí mismo,  con la conciencia cansada y los labios mordidos, y rotos, y enrojecidos. Me detuve porque tenía que detenerme, y senté(me) en un banco de la plaza. "Recapitulación", pensé, y desde un poco más allá se acercó un tipo... - ¿Se siente bien usted? Se lo ve cansado, y preocupado... - Sí, gracias. Y desconcertado, quizás, también. Le agradezco el gesto. - y me quedé silencio esperando que se vaya, pero continuaba ahí fumando un cigarrillo y con la mirada en los árboles. - Joven, no lo noto bien, y quisiera contarle algo... tal vez le ayude. - Gracias, pero no estaría interesado, disculpe. En serio. - Usted sabe, mi hija, la más grande, se quedó sin trabajo, también sin hogar, y ante la desgracia, no tuve más que ofrecerle vivir en mi casa, conmigo, con sus hijos y con mi mujer; c...

Te dejé una nota en el cajón

Comienza como sabiendo qué escribir, y escribe cualquier cosa, como cualquier día, o cualquier hora, y se bambolea con el viento, y no conoce más sentido que el revuelo de un poema insípido. No le duele el alma, ni le pesan las horas, tampoco arraiga alegrías, ni le echa sueños a la vida, escribe porque recuerda, mas no sabe qué y se le amargan los versos, cruel sufrimiento, ¿de dónde vendrá el viento? Poeta, ¡qué martirio! Si tan solo le escribieras a lo que te mantiene vivo, pero ahí te lanzas de nuevo, a trabalenguas y vociferos, majestuoso intento, invitar al río sin aposento, pero llegará el día, poeta en vilo, has sido tú quien ha desaparecido.

Camera mortuori

Comenzábamos un día sabiendo que la vida estaba ahí, a pequeña disposición, para hacer de ella un memorable suceso o simplemente dejarnos morir a un costado del mundo, que a nadie le importaba.  Nos quedábamos envueltos en medio de un abrazo y sabíamos que teníamos poco cuando afuera no quedaba nada. Entonces dormíamos y volvíamos a amanecer. Nos mirábamos al suspiro y a pesar del frío sobre nuestros cuerpos, nunca entendimos que la belleza se nos había ido, como hojas secas al río, apenas sosteniéndonos la fiebre al mirarnos con un sutil alivio. 

Siempre se nos fue el verano

Me vine a sentar a este costado del río y fijate el muñequito de palos que armé. No tiene rostro y se le caen los brazos, pero si no lo mirás por un rato es como si pudieras sentir que está ahí, tratando de entender cosas y es rarísimo. Fijate que también le hice esta cajita, por si algún día se muere o quiere dormir. Lo ayudo a sentarse acá a un costado mío y se desarma entero, pero, como te digo, si no lo mirás, pareciera que te acompaña y se cuestiona la vida. Hace un rato creo que intercambiamos palabras. Lo escuché decir algo como "sobre el yuyo crece el monte" y le dije que no, que "sobre el monte crece el yuyo". Entonces se volvió a quedar callado y así se quedó. Todavía estoy esperando que diga otra cosa. Mientras tanto pienso "¿no es el monte un montón de yuyos?" Qué tipo tan raro... ¡Las cosas que me dice!

Poco por ser mucho

No merece un día, por más glorioso que sea, más que desconfianza y horas contadas, porque es mucho, y un día no lo es todo cuando estamos siendo poco. Nada merecen las más bellas flores más que un cadáver putrefacto, cuando no se ha hecho otra cosa que desconocer natura y sorber venenos de autodestrucción. No merece un gentil acto, por más amable que sea, más que una contienda colmada de odio, cuando ya se ha venerado lo suficiente, para dejar de ser algo y comenzar de nuevo a ser nada. No merece el mundo más que un cachetazo, ni lo celestial o terrenal, nada que pueda recibir mucho, cuando por instinto se busca siempre ser poco.

Bar de muertos

Aquí dentro hay un bar siempre abierto y alguna gente lleva tu nombre. Alguna otra lleva el mío y todas esas personas somos nosotros mismos, embebiéndonos como si no nos hubiésemos ido. Ya nos fuimos y son recuerdos. Son retazos de vida no querida, entre el olvido y la memoria, y ahí se quedaron, encendiendo cigarrillos y pidiendo tragos, seduciéndose como una noche lo hicimos, y toda esa gente ficticia de nosotros mismos es mucho más feliz que lo que alguna vez fuimos.

Corre viento sobre las piedras

Cuando supimos que nuestro padre iba a morir, empezamos a querernos de una forma extraña, creo que ahí es cuando uno crece, y nos asegurábamos de tenernos por la mañana y nos mirábamos como no sabiendo qué pasaría, si también nos iríamos o si llegaría alguien para ofrecernos otra vida. Vivíamos en el campo y no teníamos nada. A pesar de la lejanía y de la muerte de nuestro padre, aprendimos a cuidarnos y sobrevivimos. Sobrevivimos comiéndonos los animales que quedaban y por las tardes nos dedicábamos al cultivo. Un día mi hermano también murió y supe que estaría solo por el resto de mi vida. Extrañaba a mi madre, y lamentaba apenas haberla conocido. Ya no quedaba nadie, y no tenía otra cosa que también esperar mi muerte. Una siesta me dormí y los soñé a todos vivos. Mi padre sonreía y mi madre peinaba a mi hermano. Era casi perfecto, pero en el sueño yo estaba muerto. Pero estoy vivo, y quizás viviendo viva esta gente en mis sueños, si no, ¿dónde más podrían vivir?

Dejate ser el sol y no la sombra de una cruz

Acá hay algo muerto y eso es cierto. Es cierto que te fuiste, y que un día me dejaste este espectro. A veces te extraño un poco, y me quedo a miradas fijas con esta sombra, que no dice nada, que tiene tus ojos, que tampoco dicen algo. Quisiera que te la lleves, porque acá me la dejaste. Quisiera saber qué se siente, saber que ya te fuiste, y que de vos no me queda nada.

Fragmento de vos

Quise cuidarte de los cigarrillos y te los fumaste a todos. Cuando te expliqué que "seguramente" es una palabra de buenos vientos, también te la fumaste y la reemplazaste por "me importa un carajo". Ayer te vi comer un yogur vencido y te reías en silencio.  ¿Cómo alguien puede reír en silencio? Pues, claro, si la muerte no tiene risa y apenas improvisa el momento.

Vaivén

Suspiro en este vagón de sombras extrañas y alguien dice que viajamos hacia algún lado. Viajamos todos como ensimismados y apenas respiro un poco de este aire putrefacto. Todos llevan algo entre sus brazos, y ninguno descuida de su objeto preciado. No logro entender qué es lo mío y tan sólo me pesan los brazos. Intento mirar por un costado, pero escucho que hemos llegado. Todos bajan y parecen locos como desesperados. Alguien viene por mí y repite que el camino ha terminado. Apenas puedo moverme, pero aquél no insiste y sólo me dice que escuche con cuidado: "No te bajes ahora, pero mañana, nuevamente habremos llegado."

Difuso

Nos encontramos comos dos hojas secas arrastrándose por la vereda y nos retorcimos al clavarnos la mirada, diciendo no sé qué pavadas acerca de un buen día y convenciéndonos de que estábamos para alegrarnos. Caminábamos como conociéndonos y supimos que no teníamos nada que hacer, más que andarnos de fantasmas por la ciudad, atravesándonos entre los autos y encendiendo cigarrillos rotos, que apenas fumábamos. Nos concedimos algunas sonrisas y hablamos de gente que no recuerdo. Hablamos de fútbol y de vasos llenos, de perros escapándose y de una noche empujando una camioneta. Nos abrazamos cuando nombramos cosas que tampoco recuerdo, pero hablábamos y nos emocionábamos, y nuestros ojos estaban tristes y alrededor nuestro no se veía nada. Nos encontramos esa tarde sin conocernos y no sé cómo llegamos. No recuerdo despedirnos, tan sólo éramos un sueño de un mendigo extrañando a su padre.

Retazo de un viento destructivo

Juguemos a no encontrarnos esta noche y a no saber quiénes somos. Entre los escombros donde descansa la furia del mal, busquemos ahí la identidad, porque caídos nos conocimos y sobra tiempo para arrastrarnos a bailar.  Juguemos a mirarnos en la oscuridad y entendamos que esos rostros son nuestros, que no tenemos nada que decirnos, sólo interpretarnos cuando el viento ya se ha ido.

Sobre uno y otro

Me mira el gato y no hacemos otra cosa que clavarnos los ojos como revolviéndonos las tripas, acá, entre nosotros, permitiéndonos el tiempo para saber que aún estamos y que dentro de la inmensidad con la que nos miramos, tan sólo supimos andar los días, observándonos como extrañas criaturas y desconfiando de nuestros actos, como cuando por las noches, nos asustamos al encontrarnos entre sombras desfigurados.  Me mira el gato y no hacemos más que mirarnos. Allá, por ahí afuera, se andan todas las cosas que dejamos, para contemplarnos ahora no hacer nada y en silencio acompañarnos. Me mira el gato y está ahí echado, sobre esa silla. Yo lo miro acostado, y en medio de la quietud con la que nos miramos, justo en un punto de soberbia cordura, ambos sabemos que está oscureciendo... y entonces, con temor, respiramos.

Contame

- Contame de nuevo que no somos nada y que no existimos más que para desconocernos. Que ante una pequeña certeza siempre hay una gran duda, y nos abrazamos al viento para escaparnos de lo que nos detiene...  - ¿Qué? ¿Que te cuente qué cosa...? Estás hablando solo, Raúl. Dejame dormir. - Contame que el frío se siente poco, y que aprendimos a no darnos nada cuando lo dimos todo. Que siempre estuvimos separados, y aún así nos animamos entre los fuegos de una inconsciencia... - Disculpe, señor. No le entiendo. ¿Va a llevar algo más que los tomates? - Contame que nunca entendimos la noche, y que nos echamos de vueltas a la calle, como perros sin rumbo esperando el amanecer. Que llevamos pocas cosas dentro y nos ensuciamos el alma para encontrarnos, una y otra vez... - Pero, ¿qué dice? ¡Póngase a trabajar, Fernández! - Contame que tuvimos sueños y que nunca hicimos nada. Que nos sonreímos cuando perdimos y nos fuimos caminando rápido, cuando nos dimos la espalda. Contame... - L...

Sepamos tenernos a nosotros mismos

Hay un tipo sentado en el patio de su casa y no hace más nada que esperar su muerte. Lleva el día entero ahí sentado, y sólo mira sus manos, inertes sobre las piernas como dos trozos de tela. Tiene los ojos pequeños, que apenas contemplan. La cara tan blanda que, por sobre el pecho, bambolea.  No hay más nada alrededor que un montón de miseria. No siente el viento ni se calienta al sol pleno. Busca en su memoria al desafiar un recuerdo, mas sólo se bloquea.  Juegan los gatos entre sus piernas, y lo observan sin certezas...  Hay un tipo sentado en el patio de su casa y no hace más nada que no saber que está muerto. Lleva el día entero ahí sentado, y sólo mira sus manos, inertes sobre las piernas, como dos trozos de tela...

Ciervos en la noche

Nos dimos asco teniendo sexo y revoleamos nuestros cuerpos helados a un costado de la noche, para dormir antes de comenzar a insultarnos, como era costumbre. - Che, ¿pusiste la alarma? - A las 06:30. - ¿Por qué tan temprano, pelotudo? - Porque tengo clases a las 8, y nada, ponete otra alarma vos, si querés dormir como burra. - Sos un imbécil. Te voy a dejar. - Hacé lo que quieras. Me quedé pensando en que lo único que tenía para desayunar era un vaso de agua y cerré los ojos, con los párpados tan pesados como dos naranjas que deseaba tener en la heladera. Me dormí y soñaba despertarme. Sentado sobre la cama, con mi novia al costado, me faltaba el aire y observaba destellos de luz venir desde la cocina. No veía bien y mientras intentaba agudizar la vista, la piba se despertó de súbito, como arrancándose de una pesadilla. Suspiró un rato y me dijo: - Facundo, ¿qué pasa? Prendé la lámpara. - No sé, gorda, ¿estás viendo esas luces? - ¿Qué mierda es? Tengo miedo, boludo. Estaba soñando ...

Fijate que acá morimos

Camino por donde van todos, pareciera que es esto lo que hay que caminar. Una señora se cayó unos metros más atrás. Ahora viene con las rodillas sangrando y diciendo no sé qué cosas de Jesús.  Todos avanzan callados. Salvo la señora, nadie más habla. Tampoco tengo ganas de hablar. Tengo un montón de frío por todo el cuerpo y apenas siento los dedos para encender unos cigarrillos. Caminamos y no sé hacia dónde vamos. C reo que nadie sabe. Tuvimos un accidente. Era un transporte cómodo, pero chocamos. Chocamos y ahí quedaron mis otros cigarrillos, junto a un puñado de muertos y otras cosas que pareciera no importarnos, excepto los cigarrillos, que ahora sí me importan. Camina por delante alguien que dice saber mucho, cosas de supervivencia, cosas así. Camina y comienza a hablar con mucho ímpetu. Me gusta su voz. Habla y todos escuchamos. Nos convencemos de que es nuestra salvación, porque necesitamos salvarnos y porque estamos perdidos. Entonces nadie discute nada. Estamos perdidos e...

Bestia

Juega el gato al morderse, se muerde la cola en la oscuridad. Le clava las uñas y se desespera al tenerla. Muerde y se lastima, entonces suelta, mira hacia la nada, y ansioso y otra vez se lanza de pirueta al mismo asunto. Muerde y sostiene, muerde con los ojos dilatados y el sabor a sangre lo excita. Se le deforma el rostro y se revuelca. Respira con esfuerzo, el silencio lo encoleriza. Finalmente, como oyendo un ruido se interrumpe; con la boca roja y la mueca diabólica, ahí es cuando me mira, perdido y monstruoso, como atravesándome el pecho, como envenenándome los huesos.

Si el vidrio está empañado

Caminábamos por las calles arrojándonos en la cara cualquier tipo de insulto que se nos viniese a mente. Jugábamos a no soportarnos y hacíamos del engaño un bello arte de malicia que detenía el tránsito y sofocaba ancianos. Nos metíamos a los bares y nos agarrábamos a disputa hasta que finalmente nos corrían como hojas secas a la calle. Nos corrían de los bares, de las plazas, de los colectivos, así nos andábamos por cualquier lado, escupiéndonos el alma y divirtiendo a adolescentes infames. Nos andábamos así, irritando al viento y destruyendo la templanza pública. No obstante, cuando de cansados nos mirábamos a los ojos, volvíamos a casa y nos revolcábamos sobre la cama, como reconstruyéndonos y celebrando que había sido un gran día. Y mientras la gente nos recordaba como unos pobres infelices, nosotros nos besábamos sabiendo que estábamos a salvo del mundo, que el amor era sólo nuestro, y que a nadie más le correspondía.

Mirando fijo a una mujer sorda

Tengo tantas ganas de que pase algo diferente que hasta me abstraigo, de manera tan sagaz, a una ficción que ya está sucediendo. Entonces, todo lo que antes estaba haciendo, ahora me resulta sorprendentemente nuevo, como los cigarros que huelen raro, o como un montón de gente en la que pensaba con gesto cálido, ahora me parece tenebrosa y desconocida. Son un montón de cosas que cambian, si quiero, y que de alguna manera me gusta. Pienso, por ejemplo, en un examen fallido de literatura, pero sólo me concentro en la idea imponente de haber obtenido un gran éxito en el suceso de la materia. Cosa que ahora me tuerce una malévola sonrisa al creer poder manipularme sobre mis actos. Sabiendo que es mentira, sólo tengo a punta de lengua argumentos que lo contradicen. Entonces, quizás no tengo tantas ganas de que algo diferente suceda, no exactamente así, sino que encuentro que lo que realmente quiero es mentirme a mí mismo y sacar provecho momentáneo, como para perderme un rato por neces...

Encendido/apagado

Salí de la escuela, me subí el pantalón, crucé la calle, pateé unas piedras, le sonreí a una niña y al llegar a casa, mi hermano me dijo que papá se había muerto.  Pasé por la cocina y con temor me acerqué a la habitación donde estaba mi madre. Apenas asomándome, a corta vista, la observé un rato ahí tendida. Estaba desparramada sobre la cama, casi inerte y llorando, llorando y maldiciendo. Maldecía y hablaba sola. Decía cosas inconexas; cosas de algo así como amor, odio y dinero. La miraba y ella no se daba cuenta. Tuve ganas de hablarle pero, de un tirón, mi hermano me llevó hacia atrás y me dijo que ahora debía comportarme. Le pregunté qué le había pasado a papá, sin embargo, sólo me dijo que permanezca en mi cuarto. Jugué con unos muñequitos sobre mi cama y recordé cuando con papá intentamos arreglar el auto.  Era una mañana calurosa de marzo y no había asistido al colegio por una fiebre que me vapuleaba desde hacía dos días.  - ¡Arriba, hijo! ¡Hoy te enseño...

Son ojos sin brillo

Sepa usted, quien esté leyendo, sepa que me duelen las rodillas, los brazos, las orejas, los codos, el espíritu, el alma, todo lo que a mí respecte, sepa que me duele y me duele sobremanera. Sepa usted del magno esfuerzo que hago al contarle esto, que hago al contar y tratar de librarme de tan horrorosa bestia que ya no me permite ni un momento en paz. Déjeme contarle y no se vaya. Déjeme decirle lo que aquí dentro ha pasado, aquí dentro de mí, dónde no sé bien, pero aquí se ha alojado a convivir conmigo una cosa extraña con aires de malicia y fuerzas inmensas que golpean de súbito noche y día. No sé cómo seguir contándole, pero le voy a decir que una vez tuve un sueño. En la ficción, me encontraba sentado en una plaza y observaba cómo el viento meneaba las ramas de un árbol enorme. Era por la noche y el silencio, casi absoluto. Sólo se escuchaba toser a alguien a varios metros detrás de mí. Los tosidos cada vez se escuchaban más cerca y mi cuerpo se mantenía estático. Intentaba vo...

De almas errantes

Beben y se miran fijamente, casi inertes, casi muertos por dentro. No hay más nadie en el mundo, no tiene la noche más deseo que esperar por ellos.  Se miran abstrayéndose y coinciden al levantar sus vasos. Tienen la cara llena de penas, posan su alma rota a un costado de la mesa. Se miran y no se hablan, no tienen qué decirse cuando en sus rostros es absoluta la miseria. Beben sumergiéndose y se aferran al más duro recuerdo. Nada les importa la vida, más que para perderla de un amargo sorbo. Beben como desafiándose, o quizás, como acompañándose hacia el abismo. Beben y dejan de ser algo. Ya casi no se encuentran, se están yendo como la noche.  Desaparecen y dejan de existir. Desaparecen sus penas y sus cuerpos se adhieren al viento. No sé hacia dónde van, pero a su tristeza la dejan siempre en un vaso lleno. Como dejando cuenta pendiente. Como echándose a vuelo al suspenso de revancha. Ahí es cuando los extraño. 

Todos o ninguno

Miguel Almendro llegó una tarde muy cansado y entre un ir y venir dentro de la casa, se miró al espejo y notó que una extraña mueca le paralizaba el rostro. Era una expresión rarísima que nunca había hecho. Tenía algo así como los ojos desorbitados y pequeños, las cejas arqueadas y los labios tensos; erguidos por las comisuras, dejando a vista uno que otro diente amorfo. Miguel Almendro sonreía y no reparaba en ello. Para él era cosa horrible, puesto que nunca había visto tal imagen en el rostro de alguien, y se consideraba así mismo, entonces enfermo. Nadie sonreía en el trabajo, ni en las calles ni en las plazas. No sonreían ni los niños ni sus madres, ni los hombres viejos ni los jóvenes amontonados. No sonreían ni las aves ni los árboles, ni los ríos ni el viento. No se veía en nada esa cosa que a José Almendro le estaba pasando frente al espejo, y se sintió maldecido. No tardó, por lo tanto, en tratar su aberrante situación con los médicos del pueblo, que no sin quedarse, a pr...

Cenizas de un viaje

No fue por el combustible, ni por los cigarros, ni por la desazón de alejarnos, ni por lo que bebimos, ni por lo que aceleramos, ni por un montón de cosas que pensamos, para que el auto se nos prendiera fuego y muriésemos a un costado. Fuimos nosotros las llamas vivas de la tragedia, y no sin revolcarnos sobre la tierra, nos mordimos los labios, arrancándonos a pedazos. Nos sujetamos en un calor intenso y se nos pegaban los brazos. El sabor a muerte tan lujurioso como brasas en nuestro aliento acabado. A rostro desfigurado, fueron cálidas las asperezas. Apenas con la mirada débil, entendimos tenernos uno al otro, siéndonos necesarios, viéndonos inertes bajo un sol agobiado. Mientras el fuego se lo devoraba todo, sólo quedamos nosotros, petrificados a un costado. Tuvimos suerte de sujetarnos. Quizás hubiésemos andado por ahí, desparramados. No recuerdo si eran sus ojos o sus labios, pero en alguna grieta de su rostro, me decía "te amo."

Ludus-Ludere

Juego solo en este remolino de ideas vanas y en un pequeño punto, casi fuera de cordura, me consagro vencedor sobre un abismo por donde trepan extrañas criaturas, que dicen ser yo mismo. Juego solo y hago trampa, en el apogeo de la insensatez me encuentro contemplando caminos desviados y me sonríe la cara al saber que manipulo al viento y le ordeno al sol. Juego y me quedo conmigo, para encontrarme más allá, o perderme por donde cuelgan las hiedras y la tierra brilla a oscuras. Juego a risas y me detengo, son cigarrillos encendidos y copas plenas cuando inspiro. Son árboles empujándose,  llevan consigo retazos del mal. Juego y repito, a la deriva de un vuelo, construyo las fortalezas de una perspectiva al sentirme cerca. Revoleo las patas y me veo los brazos largos, larguísimos. Juego solo y acá se termina, porque, como desciende la niebla, siempre se acerca ese sonido, que no sé de qué es ni de dónde viene, pero sería como si el mar estuviese dormido.

Siesta de Agosto

Hay placeres tan bellos que no necesitan una explicación coherente para disfrutarlos. Como contemplar al gato lamiéndose las patas, o como mirarla desde ahí, comiendo mandarinas bajo el sol y escupiendo, con sagaz puntería, las semillas a una pequeña flor en el patio de casa. Además de escupir, también tenía talento para cantar, o algo así. Entonces, apretaba con sus manos las cáscaras de las mandarinas y entonaba ciertas melodías que nunca terminaba. Las letras hablaban de amor, café, barrios pobres y estaciones de trenes, entre otras cosas. Me gustaba mirarla desde ahí porque no éramos felices estando juntos. Nos amábamos pero casi ni nos hablábamos. A veces la sorprendía observándome desde el marco de la ventana cuando trabajaba en el taller. Hacía unos gestos rarísimos y se retiraba de inmediato. Por las noches, conversábamos unas pocas cosas y nos abrazábamos antes de dormir, como compensando la ausencia. Creo que simplemente no estábamos encaminados a estar juntos. Nos conoci...

Magnetismo

Nos matamos esa noche que, por debilidad, nos besamos. Nos besamos porque no teníamos nada en el mundo, más que la amabilidad de permitirnos un placer mutuo. Éramos pobre gente, y magnificábamos esa pequeña alegría y la asimilábamos como un enorme triunfo. Cosas que de otra manera hubiésemos ignorado. A pesar del cansancio, nos entregamos a la calidez de un vaivén de bellas canciones, sacudiéndonos de un lado a otro y sonriéndole a la desfachatez del momento. Los pisos ya limpios, las sillas invertidas sobre las mesas. Brillaban las copas, la satisfacción de concretar el día. Nos atravesábamos con la mirada, nos sedujo la penumbra. Sus labios estaban rotos, sus palabras eran fuertes. Me gustaba el sigilo con el que me abrazaba y la exactitud de apagar un cigarrillo cuando yo encendía otro. Nos concedimos pequeñas cosas y fuimos felices. Como mereciéndolo. Como queriéndonos convencer de que podíamos ganar algo. Como sabiendo que no éramos nada sin el momento. Como retribuyéndonos, ...

Little moment

Suben y bajan escaleras. Sostienen sus faldas, tropiezan descuidadamente. Algunos llevan prisa, otros se detienen a besarse. Hay uno que ya subió, ahora está bajando. Se sujetan de las barandas, se saludan o no se miran. Suben y bajan a montones, tiembla el mármol, es casi divertida la frecuencia. Son un montón de gente yendo y viniendo, subiendo y bajando. ¿Se está yendo subiendo y viniendo bajando, o se está yendo bajando y viniendo subiendo? Van y vienen como sabiendo, se optimiza el mecanismo, son todos gente funcionando. Algunos llevan sueños, llevan vida entre sus manos. Siguen subiendo y bajando, sigue temblando el mármol, los pierdo de vista al contarlos. Son cosa inmensa, es inmenso el mundo desarrollando, es inmenso el mareo, y tan sólo deseo dormir acá sentado.

Ánima

Cuenta una leyenda que una vez existió el hombre más hermoso del mundo. Este hombre tan hermoso era un hombre común, pero tenía un truco. El truco sencillamente consistía en mirar a las personas de frente. No es que haya tenido bonitos ojos o una hermosa mirada, sino que en los ojos de este hombre uno encontraba su propia alma. Radiante y pura, como destellos por donde no quedaba vida alguna. Un día, dicen, que se lo vio triste. Conoció una tarde a una bella muchacha y cuenta la gente que ésta le apagó el alma. Murió a la mañana siguiente y lo encontraron con sus ojos abiertos. Esa mañana no tuvo alma, pero en la quietud de su mirada, dicen que seguía siendo hermoso. Que se vio un anochecer y que algunos se volvieron locos.

Fugaz

Tengo una idea que acaba de posar. Espontánea, imponente. Es muy hermosa. Quiero llevarla a casa y hacer de ella un glorioso día. Pero estoy lejos y no me gusta este lugar. La escribo en un papel, la dibujo, apenas la pronuncio a susurros. Desconfío de la gente al pasar y de súbito me la echo al bolsillo. Quiero retenerla y ella me exige atención. Cruzo las calles sin mirar, y los autos me gritan como si estuviese loco. Doblo por la esquina y me detengo a contemplar. Es una cosa muy bella, es una de verdad. Son veloces mis pasos, se emociona por mi esfuerzo. A suave voz me dice: "no te detengas que me estoy yendo." Llegando a casa, la acaricio y le doy besos. Enciendo una lámpara sobre la mesa y sonrío como en un sueño. ¡Si están malditos los días, que me lleven bien muerto! Cual pájaro volando... no queda más historia que este vacío encierro.

Así como subimos, bajamos a los tropezones

Decidimos una tarde reavivar nuestro romance mintiéndonos en la cara diciendo; "es un buen día." Por lo tanto, cargamos unas mochilas y nos fuimos a la montaña. El día estaba gris como enojado. Subimos, al parecer, por el sendero más sinuoso y no sin insultarnos reiteradas veces, llegamos a la cima. O por lo menos, a una altura donde quisimos descansar. Sobre unas rocas nos instalamos. Ella sacó un libro y sin decir palabra se puso a leer. Me quedé viendo cómo se le subían unas hormigas por las piernas y recordé momentos en los que nos queríamos mucho. Momentos que ya no existían pero nos seguíamos acompañando. - Che, ¿está todo bien, negra? - Sí, Raúl... ¿por qué iría a estar algo mal? - Pregunto nomas, qué sé yo... Continuó leyendo y el silencio estuvo como placentero. Me quedé pensando en si realmente las cosas estaban bien, uno no se anda por la vida cuestionándose ese tipo de asuntos, pero quería saber si valdría la pena seguir concediéndonos momentos para, alguna...

Cartas 1

Una mañana, Alberto R., un joven con delirios medicinales, enloqueció tras la muerte de su hermano, escribiendo una carta a sí mismo, interpretando a su fallecido... Léame con atención, Dr. Rodríguez, porque este asunto me tiene dando vueltas desde la mañana y temo por mi salud mental continuar de esta manera. Verá, ayer pasé por su casa con la única finalidad de ofrecerle mi ayuda en el proyecto que usted mismo tituló "garganta de cocodrilo", proyecto en cual se encuentra usted trabajando día y noche para reclamar su lugar en la junta del laboratorio central de la ciudad. Caminaba por ahí cerca y tuve una leve sospecha de que necesitaría una mano para llevar a cabo el proyecto, si es que precisaba de algunos trabajos de fuerza. Bien sabe usted cuánto respeto le guardo... Llegué a su casa y la puerta estaba cerrada. Como deduje que se encontraría trabajando en su taller, decidí saltar las hiedras para adentrarme en el patio y ahí ofrecerle cordialmente mi ayuda. Verá, Dr.,...

Juego de sombras

A pesar del sueño, que fue mutuo, nos desvelamos hacia la luz ardiente de una realidad vacua, desfigurándonos hasta no reconocernos, y sabiendo que lo único propio, al final, sólo era la melancolía del día. A la orilla de un mar tempestuoso, encontramos la calma cuando supimos estar perdidos. Suave desgaste de palabras al balbuceo de no arremeternos, llevándonos a la boca un cansado beso, fue sutil deseo el de querernos bajo el cielo muerto. Caminamos a la deriva cuando nos echamos al viento, la abracé por la cintura como protegiendo... a pesar del sueño, que fue mutuo, fue cuestión de tiempo, saber, que otra vez me abrazaba a un engañoso y bello espectro.

Poema al Hombre Rey

No encuentro nada más fácil que sumergirme en una pena absoluta, cada vez que pienso falazmente que no estamos interesados en querernos en un suelo tan amargo y de aire despiadado... Busca el alma al cuerpo para encerrarse cual mortuoria camera al sueño eterno, y los hombres recelan al amar. Entristecen las cumbres y fortalecen las hiedras cuando envenenado el viento, corre quejumbroso sobre pastizales de melancolía donde debió desfallecer la esperanza. Juegos mórbidos sobre tierras extrañas donde ha de abstraerse el niño perdido de la humanidad. Son vástagos de odio creciendo a la sombra e inevitablemente más bellos que cualquier flor. Envilecen las bestias al saborear la miseria y el cielo muerto clama con fervor su trifulca al romper... Cándidas las aves, vuelan sin entender, son objetos de malicia, se ha expandido el miedo del Hombre Rey.

Micro

Un pequeño árbol yace en medio de la inmensidad de un bosque de árboles inmensos. Sabe que nunca llegará a altura, a sentir el sol, y entristece profundamente. A pocas ganas irgue sus brazos y se conmociona en la penumbra. No conoce el viento. Son caricias de consuelo, cuando la noche se apiada y en sigilo se le acerca. Su corteza es oscura, viste a brotes de asperezas. A veces se lo encuentra como durmiendo torcido, ahí, echando más sombra a la sombra de su tristeza. Como esperando algún buen día, mantiene aposento. Serán pocos los pájaros, pero muy grande el deseo. De vez en cuando, se abre vista entre débiles hojas, y sueña con fervor el cielo pleno. Luego muere al desvelo y se hace tumba en su tierra melancólica. Hierba mala crece donde uno ha de morir. El suelo está sediento, son espectros de la inmensidad.

A la inspiración

Deseaba con tanto ímpetu encontrarla, aunque sea envuelta entre lechugas de una ensalada, y decir: "es casi ella, pero no es." Deseaba sorber su aliento y saber que existía en cada taza de café, arrugándome los ojos por las mañanas cuando, cristalizadas, tuve las más brillantes ansias de vivir. Mantuve con entusiasmo su recuerdo y acampé cada vez que me sentí cansado. En cada cúspide al retroceso, ahí me quedé contemplando. Tenue momento, abrigándome al fulgor de una cálida ofrenda que arrastraba el viento. Cuando no tuve más que un pensamiento de blanco opaco, supe que estaba perdiendo. Extraña manera de invocarla, pronunciando vocablos muertos al aire. Sabiendo que no volvería, la hubiese encerrado. Si tan sólo pudiera decirle: "sos mía y no te andes por ahí", quizás hasta podríamos escribir juntos; un bellísimo poema de amor.

Eutanasia

Qué sueño tan bello, ya no despierto. La noche es absoluta, no respiro el silencio. Busco mi cuerpo y no me encuentro. ¿Será que de sombras nos enamoramos los muertos? Reviso en mi memoria y todo lo tengo. Nunca recordé tanto, o no olvidé ni un momento. Me estuve durmiendo cuando alguien se quedó dentro. Fue largo el suspiro, quizás escapé de un encierro. Volé en soledad sobre este mar oscuro, fue tan incierto. Encontré calma cuando sentí el viento. ¿Estoy acá para siempre? Quizás ya no sea desconcierto.

Consulta

- Permiso, Dr. Lobos, ¿tendría unos minutos para una consulta? - ¡Ah! ¡Pero si es usted, Sr. Manfredi! Adelante, siéntese y dígame qué es lo que lo trae por aquí... - Bueno, verá, Dr., todas estas últimas semanas he estado trabajando en mi conducta y poniendo en práctica sus indicaciones al pie de la letra. He comenzado a relacionarme con los demás pacientes y he mejorado mi trato con el personal del establecimiento. Si bien recuerdo, usted dijo que si notaba alguna mejoría en mi comportamiento, podría permitirme disfrutar de algunas libertades. Por lo tanto, quisiera saber si después de este pequeño progreso en mi conducta, podría devolverme mis documentos que, como bien sabe, son todo mi trabajo y fuente de distracción para mantener mi mente en ejercicio... - Entiendo... realmente es un gusto, Sr. Manfredi, saber que no sólo ha mejorado en su dicción sino también en su higiene personal. Estoy al tanto de su progreso y es un orgullo para mí saber que mis pacientes evolucionan favor...

La casa del viejo Mejides

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De cualquier manera que hubiese querido escapar, habría sido un gran error. Así lo pensó Juan Albertito cuando sus perversos amigos lo encerraron en un oscuro cuarto de la antigua casa del viejo Mejides. Habría sido un gran error intentar escapar porque afuera lo esperaban con piedras y risas contenidas de purísima maldad. Se quedó un rato mirándolos a través de un vidrio sucio de la ventana, y al notar que no se irían, se desplomó de amargura quedando sentado en el piso del cuarto. Suspiró unas tres veces y fijó su mirada triste en un polvoriento cuadro que pendía de un clavo en la pared de enfrente. En el cuadro notábase una viejita de rostro muy dulce, sentada a una mesa y tomando algo así como el té. A sus costados inferiores se posaban dos gatos pardos y un perro pintado a pocas ganas. La mirada de la viejita dulce apuntaba hacia una ventana por donde entraba la luz y reflejaba un melancólico momento de atardecer. Albertito se quedó mirando un largo rato el cuadro. Observó tod...

Encierro febril

Me dejaron solo y juntos escaparon. Estoy sentado acá porque vinimos a robar. Vinimos a robar porque se dice que acá hay mucho dinero y a nosotros nos hacía falta. Estoy sentado acá, encerrado en una oficina del banco. Tengo fiebre y también tengo hambre. Afuera hay 17 policías dispersos en toda el área, mentalizando ponerme una bala en la frente. Les grité que tengo un rehén, pero es mentira. No hay nadie conmigo y estoy solo acá atrapado. Les dije que tengo un rehén y que no habla mucho, que es callado. Parece que se la creyeron. Los escucho ahí hablar bajito. Uno tiene la voz muy grave y definida, quizás también sea locutor, o cantor de boleros, cosas así... Hablan bajito y se organizan para poder dispararme desde cualquier ángulo. Pero yo tengo un rehén imaginario y eso les complica. Entonces aprietan sus armas y transpiran mucho. Les grité también que mi rehén es una mujer joven. Que tiene bellos ojos y una sonrisa muy tierna. Que le gusta el puré de papas y que estudia veterin...

Little moment

Toda esta noche es tuya. Es tuyo el dolor y el orgullo de una sonrisa. Son tuyos los árboles, que no cantan al desvelo, las sombras son sólo una y toda esta quietud onírica te pertenece. Es tuyo el viento porque así lo quisiste, son muchas las penas pero hay una que me acompaña. Es fuerte tu deseo, me asfixia el momento, quisiera no sentirte, pero son tuyas todas estas cosas y acá me las dejaste. Fue mutuo dejar de querernos, pero te fuiste cual muerto sin su tumba. Toda esta amargura es tuya, apenas pude con la mía. No sé cómo buscarte, tampoco lo quiero. Quisiera que te lleves todo esto, porque son tuyas todas estas cosas. Como también fue el cariño y la alegría, que no lo encuentro y que de seguro te llevaste. Suave brisa en la cornisa...

Permanencia

Escuchá... fijáte que el sonido es poco. Estamos sentados acá sin hacer nada y tampoco se ve algo. ¿Tenemos los ojos cerrados? Dormimos esta mañana pero ya nos despertamos. Sé que estás acá a mi lado porque te siento respirando, pero no puedo tocarte, tampoco me estás hablando. A ver, acercate un poco más. ¿Escuchás el viento? Se siente raro. Es como si no estuviéramos... pero estamos acá y estás a mi lado. Ahora está frío. ¿Apagaste la luz? Viste que por ahí hace calor... Ayer me gustó lo que hablábamos. ¿Te acordás? Pero ahora no me decís nada. Estás como tímida, o yo estoy hablando mucho. Una vez leí que cuando se muere, uno ni cuenta se da. ¿Se puede morir de a dos y no darnos cuenta? Yo no creo. Si así fuese, no estaríamos hablando. Ahora se siente agradable el clima, ¿viste? Pero se me cierran los ojos, o ya los tenía cerrados. Sigue siendo todo muy extraño. Mejor, sigamos durmiendo.

Calabozo tu recuerdo

A fuego lento me quemaba, con la mirada atravesando el techo de la habitación en llamas. Nada pude contra la aberración de perderme por un camino de rostros pálidos y vahos de miseria. No fue lejano recordarte sobrevolando la ciudad a inconsciencia de un trozo de pasión, generado por la alegría de encontrarnos e idealizado por un suspiro de admiración. A pocas ganas intenté dibujar tu rostro sobre un papel, no fueron más que sombras y un semblante desfigurado. Quise escribir tu nombre pero escribí el mío. ¿Vivís aquí dentro? Es obvio que no. Extraña manera de pensarte, a viajes febriles por el inframundo. Quisiera que estés acá, o yo allá. Cualquier lugar donde no importa pero que sea más real que estas ficciones que no descansan y engañan al alucinar. ¿Cómo es que te has ido? Si estás acá. ¿Vivís aquí dentro? Es obvio que no. Nada cura más que una sonrisa ante una mirada débil. Sólo una basta para destrozar el mundo, o por lo menos para dejar de pensar. Turbio revoleo de anhelos ...

Contemplo

Insulso naufragio de pensamientos sobre el sillón, tenue vorágine en incremento, escucho voces descarrilar, soy yo conmigo. Tengo el alma dormida en un magnetismo que encontré ayer, soy yo conmigo tratando enfatizar. ¿Enfatizar qué? Quiero lo que pude, mas ahora quiero más, como saber qué. Estúpidos argumentos de socavar razón, vuelo sobre mares insípidos, sabiendo que ya solventé. Simulo juego entre sombras, que son yo, todas mías, pero no saben aún que soy lo que fueron. Quiero pensamientos que no tuve, pero que podría tener, horrenda avidez, si no hay luz. ¿Existe tiempo exacto para pensar? Creo que ando a camino, sin rumbo porque así me acostumbré. Tengo de memoria la verborrea, que de excusa nunca falló. “Andate conmigo” me dijo una vieja, mas no tengo más que esquivar... La soltura de una demencia, de querer volar algo en verdad, ya lo estoy volando, juego por los cielos a revoleo, me guardo las ideas, caigo de noche al desvelo.

Perseverancia

Se puso un revólver en la boca y disparó. Además estaba con una soga al cuello y la habitación a gas abierto. No murió esa noche ni la siguiente. A José Armando le costaba mucho reparar en que los suicidios son eficientes cuando se está despierto. Por lo tanto, se mató cada noche esperando no despertar, hasta que finalmente lo consiguió, dejando un tierno cadáver y una bellísima sonrisa.

Leve

Entró a su casa, cerró con llave y caminó a su habitación para acostarse. Antes de dormirse escribió en un papel: "No tengo más que sentirte presente en medio de estos mares de nefastas ausencias... " Murió esa misma noche. Su hermano encontró la nota y, mientras se llevaban el cuerpo, leyó a duras penas, sin mucha importancia. Guardó el papel en su bolsillo y se retiró del aposento. En su casa, volvió a leer el fragmento y decidió continuarlo. Escribió por un buen rato y se durmió. Al día siguiente recitó en el funeral: "No tengo más que sentirte presente en medio de estos mares de nefastas ausencias... cándido es el cielo que hoy descansa en tus ojos, suave es el viento en tu espíritu. De caminos andados, también nos hemos separado. Maldigo el tiempo que nos arrastra sin ver la cornisa. Fútiles serán los días si en mí no te tengo, hermano mío. Con fuerza vendrán los vientos de tus recuerdos y no faltará ánima de tristeza..." Continuó leyendo mientras la muchedumbr...