Vacuo

Un día caí por inconsciencia en una zanja y no me levanté. No porque no podía, sino porque necesitaba aprender. Aprender de la caída para dejar de seguir cayendo, por lo menos, en aquella misma zanja, pues claro que no era la primera vez. 
No era un tipo muy respetuoso con el tiempo y siempre llegaba tarde al trabajo. Cortaba camino por entre medio de una construcción que me ahorraba un lapso considerable para, aunque sea, convencerme de que llegaría a tiempo. Pero siempre llegaba tarde, y a veces más tarde por caer en la zanja. Sí, ya sé, es obvio que era una estupidez increíble seguir caminando por el mismo sitio, pero cuando uno se anda por la vida a inconsciencias, suceden esas cosas, y es por esa justa razón por la que estaba sentado en el fondo de aquél surco meditando el descenso.
Por lo tanto, decidí quedarme ahí sentado en el fondo. Pensando. Hubiese sido muy fácil levantarme y trepar hacia la superficie, hasta podría haberme convencido de haber aprendido. Pero no, realmente necesitaba hacerme cargo de la miseria, abrazarla hasta asfixiarla y ascender como un verdadero vencedor. Un guerrero con una batalla menos, que donde hubo lucha, se lleva la enseñanza a flor de pecho...
Pasaron unos días y seguí ahí, tumbado sobre la tierra. La tierra era áspera y a veces muy fría. Cuando llovía, la zanja se rebalsaba y yo emergía somnoliento avistando el cielo furioso. Luego salía el sol, y lentamente retomaba mi lugar en el fondo.

Ya estaba muerto para cuando me di cuenta. Mis ojos estaban abiertos pero ya no veía el cielo, ni las nubes, ni sentía la lluvia.
Al parecer, la tierra me había tragado lentamente, o quizás alguien de la construcción me había enterrado sin reparar en que yo estaba en el fondo.
La cuestión, entonces, fue que no aprendí o no tuve el tiempo suficiente para aprender a estar caído, para dejar de caer, por lo menos en aquella misma zanja. Y aunque ahora trate, aunque sea, siendo hipócrita, de levantarme y salir, ya no puedo, porque estoy muerto y morí. Tampoco quiero, porque haberme hecho cargo de la caída, justifica el orgullo mi miseria. Y realmente quiero esto, y estoy conforme de lo que soy, o de lo que fui, porque no todos tenemos las mismas caídas, y porque no todos siempre nos levantamos.

Comentarios