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Parte que queda
Brillantina de pura luz, descansa sobre mis párpados al
vocifero de la misma canción, que de partes rotas aprendí, y cambié los versos,
al amargo de un ciclo voraz que nunca desaprendí.
Recosté un sillón sobre este cuerpo, y paralicé, entre un
vaivén de imágenes, la figura de tus labios a contorsión de fuego y también a envión
de un ensueño.
Nos quisimos atar al mar, y volarnos por los cielos; cuerdas
rotas de un impulso, hubiésemos debido dónde parar, y aún así, al desconcierto,
me quedé en tierra y vos en viento.
Cierro mis ojos para no saber si aún los tengo, pero tengo,
y todavía así, no despierto.
Acristaladas las asperezas, propulsé un sueño en busca de tu
tiempo eterno, y llovieron restos, y en medio de esas aguas encontré un
argumento, que en duras palabras, apenas entiendo.
Si pudieras soplar el mar, quisiera sentirte de nuevo en vuelo,
saber que la tierra es cálida y no por eso, que no soslaya aliento.
Cumbre al desamparo, o desliz directo hacia el aposento.
Igualdad oportuna de lejanía, sabor a un abrazo en vigilia.
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