Encierro febril

Me dejaron solo y juntos escaparon. Estoy sentado acá porque vinimos a robar. Vinimos a robar porque se dice que acá hay mucho dinero y a nosotros nos hacía falta.
Estoy sentado acá, encerrado en una oficina del banco. Tengo fiebre y también tengo hambre. Afuera hay 17 policías dispersos en toda el área, mentalizando ponerme una bala en la frente. Les grité que tengo un rehén, pero es mentira. No hay nadie conmigo y estoy solo acá atrapado. Les dije que tengo un rehén y que no habla mucho, que es callado. Parece que se la creyeron. Los escucho ahí hablar bajito. Uno tiene la voz muy grave y definida, quizás también sea locutor, o cantor de boleros, cosas así...
Hablan bajito y se organizan para poder dispararme desde cualquier ángulo. Pero yo tengo un rehén imaginario y eso les complica. Entonces aprietan sus armas y transpiran mucho.
Les grité también que mi rehén es una mujer joven. Que tiene bellos ojos y una sonrisa muy tierna. Que le gusta el puré de papas y que estudia veterinaria. Está haciendo un curso de repostería porque en su familia comen mucho y todos cocinan. También está planeando un viaje para el verano y tiene un gato que se llama Alberto...
Al parecer, los policías de verdad se la estaban creyendo, pero ya tengo tres balazos en el pecho y se me está nublando la vista. Apenas sigo viendo a mi rehén. De verdad que es una chica muy bella. Ojalá termine pronto lo de repostería, porque en su familia comen mucho y todos cocinan.

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