José de Los Palos

Ya no sé a qué hora va a llover. La gente anduvo diciendo que esta tarde habría lluvia. Pero ya es de noche y no hay ninguna lluvia, ni tampoco hay nubes en el cielo. 
Viajé para sentarme acá y mojarme un rato. Allá en mi pueblo nunca llueve y la gente se vuelve pesimista. En cambio, me gusta más este lugar, pero no está lloviendo, y eso lo hace igual al otro.
Dijeron que hoy llovería acá. Hoy es jueves, y leí el diario ayer, en mi pueblo, para entonces venir y contemplar la lluvia. Pero aún sigue sin llover, y tampoco hay nubes en el cielo. Tampoco hay gente en la plaza, más que yo y una señora sentada allá.
La señora se rasca las rodillas y mira directo al piso. Quizás también esté esperando a que llueva, pero entonces debería mirar al cielo y no al piso, como lo hago yo cada tanto.
Entonces, quizás no llueva, y no va a llover. La gente anduvo diciendo mentiras, y yo les creí. Como encontrarme con nubes grises e inmensas, semejantes a las que ahora cubren el cielo, o como sentir las primeras gotas rozándome la piel y mojándome la ropa, que ahora comienza a pesar camino a la terminal. Tal vez esté lloviendo en mi pueblo, aunque no creo. No debería haber venido hasta acá, ni haber comprado el diario ayer, porque hoy es jueves y dijeron que llovería. Está lloviendo. Pero no llovió, y no lloverá. Tampoco vendré de nuevo.

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