Las colillas de mis cigarros

Amontonadas unas sobre otras, inertes y sin vida alguna. Yacen al desprecio como rocas al fondo del río. Lleva cada una un sorbo de mi vida y me convulsiona recordar aquellas nubes de malicia. Todas juntas fueron una, quizás iguales. Ya no distingo el sabor de sus artificios ante mi terrible dependencia. Al vapor de una esencia, no me calma tan sólo tenerlas. Yacen como olvidadas porque siempre viene otra. Y se acomodan entre ellas para que no falte aposento. 
A todas las quise, una por una, fuimos el placer a bocanadas de tiempo muerto. Al compás de lumbre brillaron pero cada una tuvo su justa agonía. No queda, entonces, más que verlas ahí. Recordarlas desde acá. Amontonadas unas sobre otras, inertes y sin vida alguna. Ya son muchas entre las cenizas, pero, así como colmaron tempestades, quizás tenga que conservarlas para tomar conciencia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Voy, yendo

Parte que queda

Magnetismo