Leve
Entró a su casa, cerró con llave y caminó a su habitación para acostarse. Antes de dormirse escribió en un papel:
"No tengo más que sentirte presente en medio de estos mares de nefastas ausencias... "
Murió esa misma noche. Su hermano encontró la nota y, mientras se llevaban el cuerpo, leyó a duras penas, sin mucha importancia. Guardó el papel en su bolsillo y se retiró del aposento.
En su casa, volvió a leer el fragmento y decidió continuarlo. Escribió por un buen rato y se durmió.
Al día siguiente recitó en el funeral:
"No tengo más que sentirte presente en medio de estos mares de nefastas ausencias... cándido es el cielo que hoy descansa en tus ojos, suave es el viento en tu espíritu. De caminos andados, también nos hemos separado. Maldigo el tiempo que nos arrastra sin ver la cornisa. Fútiles serán los días si en mí no te tengo, hermano mío. Con fuerza vendrán los vientos de tus recuerdos y no faltará ánima de tristeza..."
Continuó leyendo mientras la muchedumbre se emocionaba. Se abrazaban. Lloraban en silencios abismales. Alzó la vista y los vio ahí a todos. Nadie formaba parte de nada, más que para la muerte. Despedidas sin causa de costumbres gentiles pero que en vida no eran nada. Su hermano había muerto solo y en soledad trascendió su vida.
Entendió de súbito la poesía y guardó silencio...
Arrojó a un costado del lecho su discurso y comenzó a caminar abriéndose paso entre las sombras, que lo miraban sin certezas. No se dio vuelta ni se despidió de su hermano.
Aquella tarde el aire era fresco y melancólico. No salió el sol. Estuvo como ausente.
"No tengo más que sentirte presente en medio de estos mares de nefastas ausencias... "
Murió esa misma noche. Su hermano encontró la nota y, mientras se llevaban el cuerpo, leyó a duras penas, sin mucha importancia. Guardó el papel en su bolsillo y se retiró del aposento.
En su casa, volvió a leer el fragmento y decidió continuarlo. Escribió por un buen rato y se durmió.
Al día siguiente recitó en el funeral:
"No tengo más que sentirte presente en medio de estos mares de nefastas ausencias... cándido es el cielo que hoy descansa en tus ojos, suave es el viento en tu espíritu. De caminos andados, también nos hemos separado. Maldigo el tiempo que nos arrastra sin ver la cornisa. Fútiles serán los días si en mí no te tengo, hermano mío. Con fuerza vendrán los vientos de tus recuerdos y no faltará ánima de tristeza..."
Continuó leyendo mientras la muchedumbre se emocionaba. Se abrazaban. Lloraban en silencios abismales. Alzó la vista y los vio ahí a todos. Nadie formaba parte de nada, más que para la muerte. Despedidas sin causa de costumbres gentiles pero que en vida no eran nada. Su hermano había muerto solo y en soledad trascendió su vida.
Entendió de súbito la poesía y guardó silencio...
Arrojó a un costado del lecho su discurso y comenzó a caminar abriéndose paso entre las sombras, que lo miraban sin certezas. No se dio vuelta ni se despidió de su hermano.
Aquella tarde el aire era fresco y melancólico. No salió el sol. Estuvo como ausente.
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