Micro
Conocí a esa mujer aquella vez del accidente.
Nos divisamos entre las llamas, arrastrándonos hacia un costado de nuestros coches, mientras el fuego se lo devoraba todo. Ella gritaba por sus niñas, yo gritaba por mi empleo. Debí haber dormido un poco aquella noche.
Sin embargo, cuando observé el rostro desesperado de la mujer, lo entendí todo.
Me lancé de súbito a las llamas, y en el momento en que el fuego ya comenzaba a calcinarme los huesos, abrí los ojos y pude ver a la mujer de pie, contemplándome en silencio, como disfrutando del morbo de la justicia, como maldiciéndome a arder en el infierno mismo, por toda la eternidad.
Nos divisamos entre las llamas, arrastrándonos hacia un costado de nuestros coches, mientras el fuego se lo devoraba todo. Ella gritaba por sus niñas, yo gritaba por mi empleo. Debí haber dormido un poco aquella noche.
Sin embargo, cuando observé el rostro desesperado de la mujer, lo entendí todo.
Me lancé de súbito a las llamas, y en el momento en que el fuego ya comenzaba a calcinarme los huesos, abrí los ojos y pude ver a la mujer de pie, contemplándome en silencio, como disfrutando del morbo de la justicia, como maldiciéndome a arder en el infierno mismo, por toda la eternidad.
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