Perseverancia

Se puso un revólver en la boca y disparó. Además estaba con una soga al cuello y la habitación a gas abierto. No murió esa noche ni la siguiente. A José Armando le costaba mucho reparar en que los suicidios son eficientes cuando se está despierto. Por lo tanto, se mató cada noche esperando no despertar, hasta que finalmente lo consiguió, dejando un tierno cadáver y una bellísima sonrisa.

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