Así como subimos, bajamos a los tropezones
Decidimos una tarde reavivar nuestro romance mintiéndonos en la cara diciendo; "es un buen día." Por lo tanto, cargamos unas mochilas y nos fuimos a la montaña.
El día estaba gris como enojado. Subimos, al parecer, por el sendero más sinuoso y no sin insultarnos reiteradas veces, llegamos a la cima. O por lo menos, a una altura donde quisimos descansar.
Sobre unas rocas nos instalamos. Ella sacó un libro y sin decir palabra se puso a leer.
Me quedé viendo cómo se le subían unas hormigas por las piernas y recordé momentos en los que nos queríamos mucho. Momentos que ya no existían pero nos seguíamos acompañando.
- Che, ¿está todo bien, negra?
- Sí, Raúl... ¿por qué iría a estar algo mal?
- Pregunto nomas, qué sé yo...
Continuó leyendo y el silencio estuvo como placentero. Me quedé pensando en si realmente las cosas estaban bien, uno no se anda por la vida cuestionándose ese tipo de asuntos, pero quería saber si valdría la pena seguir concediéndonos momentos para, alguna vez, volver a querernos como antes.
Estuvo leyendo un buen rato y luego fue como que se cansó. Cerró el libro y me miró en silencio unos segundos...
- ¿Qué hacés ahí acostado?
- Nada, estaba pensando si mañana irá el plomero por casa...
- Dijo que la semana que viene. Haceme lugar...
Nos acomodamos sobre unas mantas viejas y cogimos al viento que acariciaba la tarde; gris y desanimada como las piedras.
- ¿Vos me amás, Raúl?
- Nos amamos en nuestros recuerdos, Laura.
El día estaba gris como enojado. Subimos, al parecer, por el sendero más sinuoso y no sin insultarnos reiteradas veces, llegamos a la cima. O por lo menos, a una altura donde quisimos descansar.
Sobre unas rocas nos instalamos. Ella sacó un libro y sin decir palabra se puso a leer.
Me quedé viendo cómo se le subían unas hormigas por las piernas y recordé momentos en los que nos queríamos mucho. Momentos que ya no existían pero nos seguíamos acompañando.
- Che, ¿está todo bien, negra?
- Sí, Raúl... ¿por qué iría a estar algo mal?
- Pregunto nomas, qué sé yo...
Continuó leyendo y el silencio estuvo como placentero. Me quedé pensando en si realmente las cosas estaban bien, uno no se anda por la vida cuestionándose ese tipo de asuntos, pero quería saber si valdría la pena seguir concediéndonos momentos para, alguna vez, volver a querernos como antes.
Estuvo leyendo un buen rato y luego fue como que se cansó. Cerró el libro y me miró en silencio unos segundos...
- ¿Qué hacés ahí acostado?
- Nada, estaba pensando si mañana irá el plomero por casa...
- Dijo que la semana que viene. Haceme lugar...
Nos acomodamos sobre unas mantas viejas y cogimos al viento que acariciaba la tarde; gris y desanimada como las piedras.
- ¿Vos me amás, Raúl?
- Nos amamos en nuestros recuerdos, Laura.
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