Micro
Un pequeño árbol yace en medio de la inmensidad de un bosque de árboles inmensos. Sabe que nunca llegará a altura, a sentir el sol, y entristece profundamente.
A pocas ganas irgue sus brazos y se conmociona en la penumbra. No conoce el viento. Son caricias de consuelo, cuando la noche se apiada y en sigilo se le acerca.
Su corteza es oscura, viste a brotes de asperezas.
A veces se lo encuentra como durmiendo torcido, ahí, echando más sombra a la sombra de su tristeza.
Como esperando algún buen día, mantiene aposento. Serán pocos los pájaros, pero muy grande el deseo.
De vez en cuando, se abre vista entre débiles hojas, y sueña con fervor el cielo pleno. Luego muere al desvelo y se hace tumba en su tierra melancólica.
Hierba mala crece donde uno ha de morir. El suelo está sediento, son espectros de la inmensidad.
A pocas ganas irgue sus brazos y se conmociona en la penumbra. No conoce el viento. Son caricias de consuelo, cuando la noche se apiada y en sigilo se le acerca.
Su corteza es oscura, viste a brotes de asperezas.
A veces se lo encuentra como durmiendo torcido, ahí, echando más sombra a la sombra de su tristeza.
Como esperando algún buen día, mantiene aposento. Serán pocos los pájaros, pero muy grande el deseo.
De vez en cuando, se abre vista entre débiles hojas, y sueña con fervor el cielo pleno. Luego muere al desvelo y se hace tumba en su tierra melancólica.
Hierba mala crece donde uno ha de morir. El suelo está sediento, son espectros de la inmensidad.
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