Ludus-Ludere

Juego solo en este remolino de ideas vanas y en un pequeño punto, casi fuera de cordura, me consagro vencedor sobre un abismo por donde trepan extrañas criaturas, que dicen ser yo mismo.
Juego solo y hago trampa, en el apogeo de la insensatez me encuentro contemplando caminos desviados y me sonríe la cara al saber que manipulo al viento y le ordeno al sol.
Juego y me quedo conmigo, para encontrarme más allá, o perderme por donde cuelgan las hiedras y la tierra brilla a oscuras.
Juego a risas y me detengo, son cigarrillos encendidos y copas plenas cuando inspiro. Son árboles empujándose,  llevan consigo retazos del mal.
Juego y repito, a la deriva de un vuelo, construyo las fortalezas de una perspectiva al sentirme cerca. Revoleo las patas y me veo los brazos largos, larguísimos.
Juego solo y acá se termina, porque, como desciende la niebla, siempre se acerca ese sonido, que no sé de qué es ni de dónde viene, pero sería como si el mar estuviese dormido.

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