Cenizas de un viaje
No fue por el combustible, ni por los cigarros, ni por la desazón de alejarnos, ni por lo que bebimos, ni por lo que aceleramos, ni por un montón de cosas que pensamos, para que el auto se nos prendiera fuego y muriésemos a un costado.
Fuimos nosotros las llamas vivas de la tragedia, y no sin revolcarnos sobre la tierra, nos mordimos los labios, arrancándonos a pedazos.
Nos sujetamos en un calor intenso y se nos pegaban los brazos. El sabor a muerte tan lujurioso como brasas en nuestro aliento acabado. A rostro desfigurado, fueron cálidas las asperezas.
Apenas con la mirada débil, entendimos tenernos uno al otro, siéndonos necesarios, viéndonos inertes bajo un sol agobiado.
Mientras el fuego se lo devoraba todo, sólo quedamos nosotros, petrificados a un costado. Tuvimos suerte de sujetarnos. Quizás hubiésemos andado por ahí, desparramados. No recuerdo si eran sus ojos o sus labios, pero en alguna grieta de su rostro, me decía "te amo."
Fuimos nosotros las llamas vivas de la tragedia, y no sin revolcarnos sobre la tierra, nos mordimos los labios, arrancándonos a pedazos.
Nos sujetamos en un calor intenso y se nos pegaban los brazos. El sabor a muerte tan lujurioso como brasas en nuestro aliento acabado. A rostro desfigurado, fueron cálidas las asperezas.
Apenas con la mirada débil, entendimos tenernos uno al otro, siéndonos necesarios, viéndonos inertes bajo un sol agobiado.
Mientras el fuego se lo devoraba todo, sólo quedamos nosotros, petrificados a un costado. Tuvimos suerte de sujetarnos. Quizás hubiésemos andado por ahí, desparramados. No recuerdo si eran sus ojos o sus labios, pero en alguna grieta de su rostro, me decía "te amo."
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