Si el vidrio está empañado

Caminábamos por las calles arrojándonos en la cara cualquier tipo de insulto que se nos viniese a mente. Jugábamos a no soportarnos y hacíamos del engaño un bello arte de malicia que detenía el tránsito y sofocaba ancianos.
Nos metíamos a los bares y nos agarrábamos a disputa hasta que finalmente nos corrían como hojas secas a la calle. Nos corrían de los bares, de las plazas, de los colectivos, así nos andábamos por cualquier lado, escupiéndonos el alma y divirtiendo a adolescentes infames. Nos andábamos así, irritando al viento y destruyendo la templanza pública. No obstante, cuando de cansados nos mirábamos a los ojos, volvíamos a casa y nos revolcábamos sobre la cama, como reconstruyéndonos y celebrando que había sido un gran día. Y mientras la gente nos recordaba como unos pobres infelices, nosotros nos besábamos sabiendo que estábamos a salvo del mundo, que el amor era sólo nuestro, y que a nadie más le correspondía.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Voy, yendo

Parte que queda

Magnetismo