Fijate que acá morimos
Camino por donde van todos, pareciera que es esto lo que hay que caminar. Una señora se cayó unos metros más atrás. Ahora viene con las rodillas sangrando y diciendo no sé qué cosas de Jesús.
Todos avanzan callados. Salvo la señora, nadie más habla. Tampoco tengo ganas de hablar. Tengo un montón de frío por todo el cuerpo y apenas siento los dedos para encender unos cigarrillos.
Caminamos y no sé hacia dónde vamos. Creo que nadie sabe. Tuvimos un accidente. Era un transporte cómodo, pero chocamos. Chocamos y ahí quedaron mis otros cigarrillos, junto a un puñado de muertos y otras cosas que pareciera no importarnos, excepto los cigarrillos, que ahora sí me importan.
Camina por delante alguien que dice saber mucho, cosas de supervivencia, cosas así. Camina y comienza a hablar con mucho ímpetu. Me gusta su voz. Habla y todos escuchamos. Nos convencemos de que es nuestra salvación, porque necesitamos salvarnos y porque estamos perdidos. Entonces nadie discute nada.
Estamos perdidos en medio del campo. Caminamos perdidos porque chocamos y este gran hombre de bella voz dijo que mejor era buscar ayuda, porque nadie iba a llegar.
Estamos perdidos, entonces, con un gran hombre de bella voz que nos dice cosas y una señora que viene allá atrás con las rodillas lastimadas y hablando de Jesús. Comienza a hacer mucho frío, y todos tenemos mucho frío. El tipo dice que hay que descansar, entonces asentimos, pero miramos a los costados y nadie encuentra dónde descansar. Ahí mismo, el tipo dice que tenemos que abrazarnos a alguien y acostarnos así. Por el calor y eso. Me gustaría, por lo tanto, abrazarme a una chica que está allá. Es muy agradable y pareciera tener cigarrillos. Pero ya estoy acostado y me tocó un viejito. El viejito me abraza fuerte y ya se está durmiendo.
Todos se acomodaron y estamos acá descansando, tratando de no morir de frío. Tengo un cuerpo a mi lado, abrazándome, y reparo en que esta noche algunos van a morir. Algunos van a morir y pienso en Titanic. Me gustaría tener un silbato, quizás a Rose. Pero tengo un viejito, y seguro se muere. Entonces lo abrazo y le digo que mañana se puede tomar café, o algo, pero no me escucha, y quizás ya todos estén muertos.
Enciendo, apenas, mi último cigarrillo. De verdad que es un cigarrillo muy largo, casi que está llegando al cielo, atravesando por ahí, un silencio inmenso del que nadie habla...
Todos avanzan callados. Salvo la señora, nadie más habla. Tampoco tengo ganas de hablar. Tengo un montón de frío por todo el cuerpo y apenas siento los dedos para encender unos cigarrillos.
Caminamos y no sé hacia dónde vamos. Creo que nadie sabe. Tuvimos un accidente. Era un transporte cómodo, pero chocamos. Chocamos y ahí quedaron mis otros cigarrillos, junto a un puñado de muertos y otras cosas que pareciera no importarnos, excepto los cigarrillos, que ahora sí me importan.
Camina por delante alguien que dice saber mucho, cosas de supervivencia, cosas así. Camina y comienza a hablar con mucho ímpetu. Me gusta su voz. Habla y todos escuchamos. Nos convencemos de que es nuestra salvación, porque necesitamos salvarnos y porque estamos perdidos. Entonces nadie discute nada.
Estamos perdidos en medio del campo. Caminamos perdidos porque chocamos y este gran hombre de bella voz dijo que mejor era buscar ayuda, porque nadie iba a llegar.
Estamos perdidos, entonces, con un gran hombre de bella voz que nos dice cosas y una señora que viene allá atrás con las rodillas lastimadas y hablando de Jesús. Comienza a hacer mucho frío, y todos tenemos mucho frío. El tipo dice que hay que descansar, entonces asentimos, pero miramos a los costados y nadie encuentra dónde descansar. Ahí mismo, el tipo dice que tenemos que abrazarnos a alguien y acostarnos así. Por el calor y eso. Me gustaría, por lo tanto, abrazarme a una chica que está allá. Es muy agradable y pareciera tener cigarrillos. Pero ya estoy acostado y me tocó un viejito. El viejito me abraza fuerte y ya se está durmiendo.
Todos se acomodaron y estamos acá descansando, tratando de no morir de frío. Tengo un cuerpo a mi lado, abrazándome, y reparo en que esta noche algunos van a morir. Algunos van a morir y pienso en Titanic. Me gustaría tener un silbato, quizás a Rose. Pero tengo un viejito, y seguro se muere. Entonces lo abrazo y le digo que mañana se puede tomar café, o algo, pero no me escucha, y quizás ya todos estén muertos.
Enciendo, apenas, mi último cigarrillo. De verdad que es un cigarrillo muy largo, casi que está llegando al cielo, atravesando por ahí, un silencio inmenso del que nadie habla...
Comentarios
Publicar un comentario