Ciervos en la noche
Nos dimos asco teniendo sexo y revoleamos nuestros cuerpos helados a un costado de la noche, para dormir antes de comenzar a insultarnos, como era costumbre.
- Che, ¿pusiste la alarma?
- A las 06:30.
- ¿Por qué tan temprano, pelotudo?
- Porque tengo clases a las 8, y nada, ponete otra alarma vos, si querés dormir como burra.
- Sos un imbécil. Te voy a dejar.
- Hacé lo que quieras.
Me quedé pensando en que lo único que tenía para desayunar era un vaso de agua y cerré los ojos, con los párpados tan pesados como dos naranjas que deseaba tener en la heladera.
Me dormí y soñaba despertarme. Sentado sobre la cama, con mi novia al costado, me faltaba el aire y observaba destellos de luz venir desde la cocina. No veía bien y mientras intentaba agudizar la vista, la piba se despertó de súbito, como arrancándose de una pesadilla. Suspiró un rato y me dijo:
- Facundo, ¿qué pasa? Prendé la lámpara.
- No sé, gorda, ¿estás viendo esas luces?
- ¿Qué mierda es? Tengo miedo, boludo. Estaba soñando cosas re feas.
Casi que estuve por abrazarla pero la lámpara que había encendido se apagó y se prendió sucesivamente hasta quedarnos a oscuras. Las luces continuaban llegando desde la cocina y la situación se ponía cada vez más tensa. Me levánte y me acerqué al pasillo que daba a la cocina. Cuando estuve ahí, sólo pude observar un montón de animales muriendo. Eran como ciervos amontonándose entre cadáveres de ellos mismos, cubiertos de fuego y emitiendo gritos agónicos. Arriba y a un costado, había una suerte de monje que subía y bajaba algo así como una antorcha, por donde se desprendía el fuego y castigaba a los animales. Estas criaturas me miraban y en ese extremo sufrimiento, sus ojos se dilataban y los rostros eran humanos, como de la gente a la que frecuentaba.
Las llamas se hicieron cada vez más grandes y esos gritos agónicos terminaron por dejarme sordo.
Cuando me desperté, estaba otra vez sentado sobre la cama, con mi novia al costado, me faltaba el aire y observaba destellos de luz venir desde la cocina. No veía bien y mientras intentaba agudizar la vista, la piba se despertó de súbito, como arrancándose de una pesadilla. Suspiró un rato y me dijo:
- Facundo, ¿qué pasa? Prendé la lámpara.
- No sé, gorda, ¿estás viendo esas luces?
- ¿Qué mierda es? Tengo miedo, boludo. Estaba soñando cosas re feas.
Esta vez sí la abracé y la lámpara que había encendido, volvió a apagarse y prenderse. Juntos nos levantamos para ir a ver qué pasaba. Cuando llegamos a la cocina, vimos que una toma de corriente estaba en corto y emitía chispas que caían sobre una garrafa. Al observar esto, mi novia corrió, casi desnuda, hacia el frente de la casa para cortar la electricidad, mientras yo alejaba la garrafa.
Cuando estuvimos a oscuras, sentados sobre la cama, hablamos de lo ocurrido.
- Che, gorda, sabés que antes de que pase esto, yo soñaba algo muy parecido pero había fuego y animales muertos. No entiendo nada. ¿Qué estabas soñando vos, que te despertaste así?
- No sé, Facundo, la verdad es que estoy aterrada porque yo soñaba que la garrafa se estaba incendiando y salía corriendo desnuda a buscar agua.
- Rajemos de acá. Ya.
- Y ¿adónde vamos? pará que me vista.
- No sé, vamos a lo del gordo.
Comentarios
Publicar un comentario