Sobre uno y otro
Me mira el gato y no hacemos otra cosa que clavarnos los ojos como revolviéndonos las tripas, acá, entre nosotros, permitiéndonos el tiempo para saber que aún estamos y que dentro de la inmensidad con la que nos miramos, tan sólo supimos andar los días, observándonos como extrañas criaturas y desconfiando de nuestros actos, como cuando por las noches, nos asustamos al encontrarnos entre sombras desfigurados.
Me mira el gato y no hacemos más que mirarnos. Allá, por ahí afuera, se andan todas las cosas que dejamos, para contemplarnos ahora no hacer nada y en silencio acompañarnos.
Me mira el gato y está ahí echado, sobre esa silla. Yo lo miro acostado, y en medio de la quietud con la que nos miramos, justo en un punto de soberbia cordura, ambos sabemos que está oscureciendo... y entonces, con temor, respiramos.
Me mira el gato y no hacemos más que mirarnos. Allá, por ahí afuera, se andan todas las cosas que dejamos, para contemplarnos ahora no hacer nada y en silencio acompañarnos.
Me mira el gato y está ahí echado, sobre esa silla. Yo lo miro acostado, y en medio de la quietud con la que nos miramos, justo en un punto de soberbia cordura, ambos sabemos que está oscureciendo... y entonces, con temor, respiramos.
Comentarios
Publicar un comentario