Siempre se nos fue el verano

Me vine a sentar a este costado del río y fijate el muñequito de palos que armé. No tiene rostro y se le caen los brazos, pero si no lo mirás por un rato es como si pudieras sentir que está ahí, tratando de entender cosas y es rarísimo. Fijate que también le hice esta cajita, por si algún día se muere o quiere dormir. Lo ayudo a sentarse acá a un costado mío y se desarma entero, pero, como te digo, si no lo mirás, pareciera que te acompaña y se cuestiona la vida. Hace un rato creo que intercambiamos palabras. Lo escuché decir algo como "sobre el yuyo crece el monte" y le dije que no, que "sobre el monte crece el yuyo". Entonces se volvió a quedar callado y así se quedó.
Todavía estoy esperando que diga otra cosa. Mientras tanto pienso "¿no es el monte un montón de yuyos?" Qué tipo tan raro... ¡Las cosas que me dice!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Voy, yendo

Parte que queda

Magnetismo