Camera mortuori

Comenzábamos un día sabiendo que la vida estaba ahí, a pequeña disposición, para hacer de ella un memorable suceso o simplemente dejarnos morir a un costado del mundo, que a nadie le importaba. 
Nos quedábamos envueltos en medio de un abrazo y sabíamos que teníamos poco cuando afuera no quedaba nada. Entonces dormíamos y volvíamos a amanecer. Nos mirábamos al suspiro y a pesar del frío sobre nuestros cuerpos, nunca entendimos que la belleza se nos había ido, como hojas secas al río, apenas sosteniéndonos la fiebre al mirarnos con un sutil alivio. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Voy, yendo

Parte que queda

Magnetismo