Somnolencia
Caminé porque otra cosa no tenía que hacer y cargué con esa ansiedad de acá para allá; sobre el puente y bajando las escaleras, a un costado y por el medio de la calle y, sobre todo, sobre mí mismo, con la conciencia cansada y los labios mordidos, y rotos, y enrojecidos.
Me detuve porque tenía que detenerme, y senté(me) en un banco de la plaza. "Recapitulación", pensé, y desde un poco más allá se acercó un tipo...
- ¿Se siente bien usted? Se lo ve cansado, y preocupado...
- Sí, gracias. Y desconcertado, quizás, también. Le agradezco el gesto. - y me quedé silencio esperando que se vaya, pero continuaba ahí fumando un cigarrillo y con la mirada en los árboles.
- Joven, no lo noto bien, y quisiera contarle algo... tal vez le ayude.
- Gracias, pero no estaría interesado, disculpe. En serio.
- Usted sabe, mi hija, la más grande, se quedó sin trabajo, también sin hogar, y ante la desgracia, no tuve más que ofrecerle vivir en mi casa, conmigo, con sus hijos y con mi mujer; con quien llevaba una relación desastrosa. Pero desde que ella se mudó con nosotros las cosas fueron diferentes. Hubo otro ambiente, otras energías... La familia lo es todo, no se le olvide. Usted parece solitario, quizás necesite de su familia en este momento.
- Mire, señor, le agradezco por la historia y lo felicito por su bienestar, pero no estoy necesitando de mi familia en este momento. De hecho, el asunto es conmigo mismo y me gustaría pensar a solas, si no le molesta.
- Entiendo, hijo, no le quito más su tiempo... pero recuerde que alguien siempre lo quiere.
- Y sigue.. Mire, esto no tiene relación con lo que dice, la familia o cualquier otra persona. Uno también convive con sus propias cosas, ¿entiende?
- ¿Y qué es lo que lo tiene intranquilo? Lo escucho...
- No, disculpe. No es asunto suyo.
- Cuénteme...
- A ver, dígame, ¿qué es un sueño para usted?
- ¿Un sueño? Y... bueno, dicen que cuando soñamos recreamos parte de lo vivido. Vendría a ser una proyección del inconsciente, algo así.
- Claro, pero no me refiero precisamente a eso, sino a lo que uno anhela, con esperanza y fuerza, y hasta con delirio en algunos casos. Esas cosas que hacen a uno encontrarle sentido a algo y luchar por cumplirlo. Pues verá, esta mañana me he levantado sin el más importante de mis sueños y lo he perdido. Los acomodaba en una suerte de cajita ficticia y por las noches me desvelaba admirándolos. Pero me falta el más preciado y ya no lo tengo. Me quedan los otros, sí, pero ya no son valiosos, si he perdido este, ¿entiende?
- ¿Y cómo que se le ha perdido un sueño? ¿No lo buscó debajo de la cama?
- Ya lo he hecho...
- ¿En el ropero? ¿En los bolsillos de la ropa?
- También. He revuelto hasta el último rincón de mi casa y no lo he encontrado. Por eso salí a caminar, en búsqueda de alguna pista, pero acá estoy, hablando con usted sin hacer nada.
- Entonces, ¡póngase a soñar, hijo!
- Soñar qué, si ya no quiero...
- Joven, quizás su sueño vuelva, como ha vuelto mi hija, la más grande.
- Su hija ha vuelto porque no tenía hogar...
- Eso es cierto, pero quizás lo que usted ha perdido también regrese, sin hogar.
- Esto ya se puso un poco raro...
- Creo que usted, joven, es un poco raro, pero no tengo nada que hacer.
- ¿Usted sueña?
- Por supuesto. Usted me está soñando, por lo tanto, mis sueños son sus sueños.
- Vaya sueño...
Me detuve porque tenía que detenerme, y senté(me) en un banco de la plaza. "Recapitulación", pensé, y desde un poco más allá se acercó un tipo...
- ¿Se siente bien usted? Se lo ve cansado, y preocupado...
- Sí, gracias. Y desconcertado, quizás, también. Le agradezco el gesto. - y me quedé silencio esperando que se vaya, pero continuaba ahí fumando un cigarrillo y con la mirada en los árboles.
- Joven, no lo noto bien, y quisiera contarle algo... tal vez le ayude.
- Gracias, pero no estaría interesado, disculpe. En serio.
- Usted sabe, mi hija, la más grande, se quedó sin trabajo, también sin hogar, y ante la desgracia, no tuve más que ofrecerle vivir en mi casa, conmigo, con sus hijos y con mi mujer; con quien llevaba una relación desastrosa. Pero desde que ella se mudó con nosotros las cosas fueron diferentes. Hubo otro ambiente, otras energías... La familia lo es todo, no se le olvide. Usted parece solitario, quizás necesite de su familia en este momento.
- Mire, señor, le agradezco por la historia y lo felicito por su bienestar, pero no estoy necesitando de mi familia en este momento. De hecho, el asunto es conmigo mismo y me gustaría pensar a solas, si no le molesta.
- Entiendo, hijo, no le quito más su tiempo... pero recuerde que alguien siempre lo quiere.
- Y sigue.. Mire, esto no tiene relación con lo que dice, la familia o cualquier otra persona. Uno también convive con sus propias cosas, ¿entiende?
- ¿Y qué es lo que lo tiene intranquilo? Lo escucho...
- No, disculpe. No es asunto suyo.
- Cuénteme...
- A ver, dígame, ¿qué es un sueño para usted?
- ¿Un sueño? Y... bueno, dicen que cuando soñamos recreamos parte de lo vivido. Vendría a ser una proyección del inconsciente, algo así.
- Claro, pero no me refiero precisamente a eso, sino a lo que uno anhela, con esperanza y fuerza, y hasta con delirio en algunos casos. Esas cosas que hacen a uno encontrarle sentido a algo y luchar por cumplirlo. Pues verá, esta mañana me he levantado sin el más importante de mis sueños y lo he perdido. Los acomodaba en una suerte de cajita ficticia y por las noches me desvelaba admirándolos. Pero me falta el más preciado y ya no lo tengo. Me quedan los otros, sí, pero ya no son valiosos, si he perdido este, ¿entiende?
- ¿Y cómo que se le ha perdido un sueño? ¿No lo buscó debajo de la cama?
- Ya lo he hecho...
- ¿En el ropero? ¿En los bolsillos de la ropa?
- También. He revuelto hasta el último rincón de mi casa y no lo he encontrado. Por eso salí a caminar, en búsqueda de alguna pista, pero acá estoy, hablando con usted sin hacer nada.
- Entonces, ¡póngase a soñar, hijo!
- Soñar qué, si ya no quiero...
- Joven, quizás su sueño vuelva, como ha vuelto mi hija, la más grande.
- Su hija ha vuelto porque no tenía hogar...
- Eso es cierto, pero quizás lo que usted ha perdido también regrese, sin hogar.
- Esto ya se puso un poco raro...
- Creo que usted, joven, es un poco raro, pero no tengo nada que hacer.
- ¿Usted sueña?
- Por supuesto. Usted me está soñando, por lo tanto, mis sueños son sus sueños.
- Vaya sueño...
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