Café negro
Irrumpe el gato por la ventana y me revolea las ideas del
susto,
cual tormento del alma asomándose en tranquila somnolencia,
en reclamo de algo que aún no resuelvo,
que sería más fácil acariciar que sacudir el desvelo.
Continúo y contemplo,
sigue siendo esta taza la atracción del encierro,
con el café frío junto a un puñado de recuerdos,
que envilecen y se zambullen en amargo negro.
¿Son apenas sombras
los recuerdos?
Tengo las sienes hundidas de no verlo,
de no ver si es solo un café,
o si es la vida figurando este momento.
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