La casa en orden

Arrojo para allá lo que tengo por acá y me acomodo un poco más cerca de este vacío que me acompaña, que no me daña y en sigilo me abraza. Nos miramos como dos enormes porciones de nada y sonreímos a cara boba a sabiendas de que despilfarramos la mañana. 

Como si nos permitiésemos unos momentos, damos algunas vueltas por la casa. Abrimos y cerramos la ventana. Mirando por la rendija entendemos que la gente no nos daña. Tampoco nosotros. Qué sería de mí sin este vacío noble que acompaña. Hermosos ojos. Acercame de nuevo a tu mirada.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Voy, yendo

Parte que queda

Magnetismo