Llego en diez

Deseo inmortal de establecer un trazo al figurar su cuerpo cándido y distensionado, doblegado por la pulsión, vaivén de arterias que fluyen su nombre directo al río.
Escribí un poema, y le puse sus labios. Vacié el cenicero, y me quedaron sus restos.
Estructuré cuantas veces quise la misma parte de la misma historia, y sostuve el mismo adverbio, y no dibujé sus ojos, sino los míos.  
Encuentro fortuito de una desazón inigualable, si pudiera acariciarte al temblor de este retrato, ¿cuánto de mis manos debería entregarte?
Acción y complemento, perpetuo como el viento.
Fulgor en su recuerdo, retrato como puedo el mismo cuento.

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